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Entre la niebla y el mar: el mito de Enya

Fotografía de dominio publico. Recorte de periódico de un retrato de la artista Enya, 22 de enero de 1989.

Con un aire de misticismo tan grande que hace que su vida y obra parezcan casi míticas, Enya vive rodeada de silencio. Rara vez concede entrevistas. Se mantiene apartada del mundo en su castillo a orillas del mar. Y aun así, su voz ha cruzado fronteras, idiomas y generaciones.

Un sonido imposible de clasificar

Enya es un misterio andante. Lo poco que se sabe de ella parece casi irreal, como si perteneciera a un mundo mitológico. Su aura se refuerza en cada nota de su música. Una mezcla de sintetizadores, coros superpuestos y ecos de la tradición celta que escuchó desde niña. Su sonido, entre lo etéreo y lo ancestral, es imposible de encasillar. No es ni pop, ni new age (como se le ha calificado en numerosas ocasiones), ni folk, sino, simplemente, Enya.

Dicho por ella misma, en una entrevista con la BBC en 1988, mencionó que “La única forma en que puedo describirlo […] es como la música de Enya.”

Ese misterio no es casual. Enya ha construido su carrera desde la distancia. Vive recluida en su castillo de Manderley, en Killiney, junto a sus diez gatos, lejos de los focos y las giras mundiales. Ha hecho muy pocas presentaciones en vivo y nunca una gira completa. 

De alguna forma, ha conseguido lo imposible. Alcanzar el éxito global evitando todo lo que normalmente implica la fama.

Su nombre real es Eithne Pádraigín Ní Bhraonáin. Oriunda de la región de Gweedore, en el noroeste de Irlanda, creció en una familia de músicos. Su primer idioma fue el irlandés, y su infancia estuvo marcada por la música tradicional gaélica que tocaban sus padres y hermanos en la banda Clannad. Fue precisamente con ellos con quienes dio sus primeros pasos artísticos, antes de emprender un camino solitario en 1982.

Cómo nació el sonido de Enya

En la banda Clannad fue donde conoció a quienes serían trascendental para su carrera, Nicky y Roma Ryan. Nicky había sido el manager y productor de Clannad y tras su salida de la banda, unió lazos con el matrimonio. 

Nicky se encargaba de los arreglos y la producción; Roma, de las letras, muchas de ellas escritas en latín, irlandés o idiomas inventados. Fue en el estudio casero de los Ryan, que comenzaron a experimentar con capas de voz y atmósfera electrónicas, lo que sería en inicio del sonido único de Enya. 

Años después de su salida de la banda, en 1988, fue cuando su primer álbum vio la luz. Watermark marcó su consagración al estrellato. Se convirtió en un éxito inesperado, alcanzando el número 5 en el Reino Unido y el número 25 en el Billboard 200 en los Estados Unidos tras su lanzamiento allí en enero de 1989. 

El sencillo “Orinoco Flow (Sail Away)” llevó su voz a las radios del mundo entero. Lo que parecía un experimento de estudio terminó por convertirse en un fenómeno global.

Lo que continuó fue un desenfreno total. Con el lanzamiento de su segundo álbum, Shepherd Moons (1991), Enya se catapultó al éxito internacional, logrando ganar cuatro premios Grammy y dando musicalidad a proyectos tan etéreos como ella misma, tales como The Lord of the Rings o Gladiator. 

Sin embargo, aunque la artista se embarcó en una gira mundial de medios de comunicación para promocionar el álbum, se ha recluido bastante de la exposición mediática. Nunca ha hecho conciertos multitudinarios y ha dado contadas entrevistas. De alguna u otra manera, Enya se volvió eterna precisamente por desaparecer. 

El legado musical de Enya

Para el público, ella sigue siendo un enigma. Lo que se sabe de ella, es a través de sus discos y canciones. En las voces que se multiplicaban, en los ecos que parecían venir de otra época, en los silencios que también hablaban. 

Aunque su universo musical parece único, Enya comparte ciertos rasgos con otras voces enigmáticas de su tiempo, como Elizabeth Fraser, de Cocteau Twins. Ambas construyeron una forma de canto que trasciende el idioma, donde la voz funciona más como un instrumento que como un vehículo de significado literal. Tanto Enya como Fraser crearon lenguajes propios: uno nacido del imaginario celta, otro del sueño pop, pero ambos sostenidos por la misma intuición de que la voz humana puede ser un espacio místico.

Su obra no envejece porque no pertenece a ninguna tendencia. Aunque se le asocie al New Age, la verdad es que su sonido, uno etéreo y a veces místico, logró crear un nuevo tipo de género. Uno único de ella. Y que desde entonces, ha influenciado a numerosos artistas.

Imagen de un retrato de la artista Enya, hecha por SORA, con el prompt "Puedes hacerme un retrato de Enya que capte bien su vibra y aura. Puedes hacerla horizontal y con un fondo artístico, como sus videos musicales" El autor del prompt es María Fernanda Acosta. Libre uso.

Enya es la solista irlandesa con mayores ventas y una de las vocalistas más influyentes de todos los tiempos. La última vez que se supo algo de ella fue en mayo de este año, después de mantenerse ocho años alejada de los medios.