La melena que abrazaba su rostro y sus grandes ojos azules que encandilaban los videos musicales, se enlazaron con sus falsetes aireados para darle un estilo propio. Elizabeth Fraser se convirtió en la pionera del dream pop y en una de las mujeres más importantes en la historia de la música contemporánea llegando a colaborar con una variedad de artistas, desde Massive Attack hasta Peter Gabriel.

Elizabeth Davidson Fraser nació en 1963 en una ciudad costera de Escocia llamada Grangemouth, la cual la artista describe como asfixiante e industrial. Es la menor de seis hermanos y proviene de un hogar donde fue víctima de abusos por parte de su padre y un cuñado. A la temprana edad de 16 años desarrolló bulimia, fue expulsada de su hogar por su estética punk y encontró en la música una vía de escape de una vida marcada por la violencia.
Fraser había sobrellevado el pesar de su infancia y adolescencia mediante el uso de fonemas fusionados con varios idiomas, como parte de un mecanismo de defensa ante el trauma por violación. Las letras de Cocteau Twins, que suelen ser catalogadas de “indescifrables”, son su refugio. Un mundo en donde nadie más tiene cabida, en el que nadie más entiende lo que se dice.
En su piel llevaba tatuadas las caras de sus héroes: Siouxsie Sioux, Johnny Rotten y Sid Vicious.
A los 17 años conoció a sus futuros compañeros de banda. Un joven la vio bailando en “The Nash”, una discoteca local, y decidió hablar con ella. Era Robin Guthrie, dos años mayor. Le preguntó si quería formar parte de la banda que tenía con otro amigo. Ella no se lo pensó, la respuesta fue un sí.
“Lo que nos unió fue que yo no tenía ideas ni opiniones propias, y él tenía muchas, suficientes para los dos. Nos sentimos atraídos por las razones equivocadas”, expresó Fraser sobre su compañero Robin Guthrie, con quien empezó una relación que duró 12 años y en 1989 tuvieron una hija.
El éxtasis de la melancolía
La voz de Liz se convirtió en el sello distintivo de Cocteau Twins. Su habilidad para crear melodías que dibujaban imágenes de sueños y emociones complejas, encontró su mejor expresión en álbumes como Treasure y Heaven or Las Vegas.
“Treasure fue el álbum que decidí escuchar en mi boda, mientras me vestía. Es el sonido más romántico que escuché en mi vida“, reveló Robert Smith, líder y vocalista de The Cure, para el documental Beautiful Noise.
Sin embargo, detrás de la magia del grupo, había una dinámica complicada. La relación entre Elizabeth y Robin se desgastó con el tiempo, exacerbada por las adicciones de Guthrie. A pesar de sus luchas personales, la pareja siguió trabajando, canalizando su dolor y sufrimiento en la música de la banda.
“Tenía muchos excesos. Estaba paranoico y fuera de control. No me sentía apoyado por la discográfica y pensé en dejar la guitarra y encontrar un nuevo talento” explicó Guthrie en el programa canadiense The New Music.
Los fantasmas del pasado y la inestabilidad matrimonial llevaron a Liz a sufrir una crisis nerviosa a principios de los noventa que la dejaría internada en una clínica.
“Me dijeron que era muy codependiente. Era bulímica. Descubrí que lo que pasé se llama incesto. Ya sabes, recuerdos de haber sido abusada por personas sin rostro. Lo único que haces es encubrir a esas personas, incluso mientras intentas recordar”, contó.
Durante la grabación del álbum Four-Calendar Café (1993) que Elizabeth decidió confrontar estos demonios internos de frente. Por primera vez en su carrera, las letras de las canciones eran testimonios de su lucha por sanar y redimirse.
La maternidad también fue una fuerza transformadora en la vida de Liz. En 1989, dio a luz a su hija Lucy Belle, un evento que la llevó a reevaluar su vida y su propio arte. Canciones como “Pur”, dedicada a la pequeña, capturan la dicha y el asombro de la maternidad, mientras que al mismo tiempo exploran temas de resiliencia y esperanza.
Durante esa época, llevó varias veces a Lucy al estudio y cantaba con ella en sus brazos.
Un dueto fugaz: Fraser y Buckley
La música unió a Liz y Jeff Buckley en 1994, dos almas conectadas por la pasión artística y el amor. Su encuentro parecía predestinado, como si estuvieran destinados a compartir un breve pero intenso capítulo en sus vidas. La química entre ellos era palpable, y no podría ser de otra forma con dos voces angelicales.
El romance entre Liz y Jeff fue breve pero intenso. Liz admitió que fue “demasiado” para ella y decidió apartarse en 1995.
“Jeffrey le dio color a mi vida. Leía sus diarios y él leía los míos. No podía no enamorarme de él. Era adorable”, comentó Fraser con nostalgia en Everybody Here Wants You, el documental dedicado al difunto artista.
Un canto a la humanidad
Después de la disolución de Cocteau Twins en 1997, la cantante continuó explorando nuevas fronteras musicales junto a artistas como Peter Gabriel y Massive Attack en su álbum “Mezzanine”. En un artículo escrito para The Guardian en 2009, el periodista Dave Simpson se refirió a ella como “la voz de Dios”. Pese a su capacidad vocal, siempre fue bastante tímida y ha creído toda su vida que el escenario le queda grande.
Elizabeth Fraser es una fuerza de la naturaleza que ha llevado la belleza y el dolor del mundo a través de su música.

