, ,

Olympian de Gene: cuando amar es una forma de morir

Olympian by Gene en Radar Batiscafo

Uno de los debates más frecuentes en torno al debut de Gene fue su comparación con The Smiths. La influencia es innegable: Martin Rossiter posee un timbre vocal dramático que recuerda a Morrissey, y las guitarras de Steve Mason evocan el estilo de Johnny Marr, aunque con matices más sobrios.

Sin embargo, reducir a Gene a una simple copia resulta injusto. A diferencia del cinismo irónico de Morrissey, Rossiter se entrega con una vulnerabilidad intensa y teatral. Gene no observa el dolor desde lejos: lo vive, lo abraza y lo canta con una sinceridad desarmante.

Treinta años después de su lanzamiento, Olympian no suena viejo ni ajeno. Su sinceridad emocional y su cuidado por la forma lo convierten en una obra atemporal.

1995 fue un año bisagra en la música británica. El britpop dominaba las listas de éxitos con bandas como Oasis, Blur, Pulp y Suede, todas actualizando e reinterpretando el pop y el rock británico de décadas anteriores bajo una fuerte carga de identidad nacional.  Mientras propuestas más introspectivas como la de Enya seguían trazando un camino paralelo, ajeno al bullicio del momento.

En ese paisaje, Gene aparece como un caso peculiar. Olympian, su álbum debut, fue recibido como un soplo de dramatismo y romanticismo herido en un entorno saturado de referencias a la cultura pop y la nostalgia de la clase media inglesa.

Aunque etiquetado dentro del Britpop, su propio vocalista, Martin Rossiter, siempre se sintió ajeno a él.

“Todo aquello se desarrolló bajo la sucia sombra de la bandera británica, algo que siempre me resultó bastante desagradable. Nunca tuve el más mínimo deseo de representar a Gran Bretaña. En ese entonces, solía decir que me sentía europeo antes que británico. Soy socialista, y siempre me ha incomodado profundamente la idea del nacionalismo, porque puede convertirse en algo muy peligroso”, expresó Rossiter.

Este gesto en medio de una oleada cultural que glorificaba el “britanismo” más superficial, encapsula la sensibilidad profunda de Olympian. No es un disco sobre la exaltación nacional, sino sobre la experiencia íntima del desarraigo, el amor no correspondido y el deseo de ser digno de una idea de belleza que no se doblega.

Esta dramatización se traduce en canciones como “Haunted by You”, una apertura explosiva donde la devoción amorosa se convierte en una experiencia fantasmal, y “Sleep Well Tonight”, una balada fúnebre que suena como una carta de despedida.

Ambas canciones ilustran bien cómo Gene transforma el dolor en belleza, sin necesidad de esconderlo tras sarcasmos.

“Truth, Rest Your Head” y “London, Can You Wait?” hablan de momentos de espera y desesperación que resuenan con cualquiera que haya experimentado un desgarro emocional. La ciudad, el cuerpo y la memoria funcionan como territorios simbólicos de la pérdida.

“Olympian” es quizás el momento más emblemático del álbum. La referencia a lo olímpico no apunta a la grandeza atlética, sino a una altura moral y afectiva, casi espiritual. Hay una constante búsqueda de sentido a través del amor. No el amor feliz, sino el amor que se escapa, que humilla, que hace sufrir. 

No hay disfraces y la teatralidad del álbum no es un gesto superficial. Rossiter, abiertamente bisexual en una época donde eso seguía siendo una barrera para muchos músicos, representa una figura compleja dentro del imaginario de las masculinidades del britpop. 

Pide perdón al mundo por ser tan sensible. Y eso, en pleno auge de la “Cool Britannia”, fue radical.

Olympian es un disco para los románticos sin remedio, para los que creen que la música debe doler un poco. En medio del vocerío del britpop, Gene apostó por el susurro tembloroso de quien no tiene nada más que su voz y su deseo de ser escuchado. Y lo lograron.