Buscando un mundo nuevo: Rafa Ferrari & The Daddy Issues

Rafa Ferrari en Sala Metrónomo - Por Constanza Llefi

A modo de presentación de su nuevo disco POSTALES, Rafa Ferrari & The Daddy Issues llenaron Sala Metrónomo el pasado jueves 14 de mayo. En una jornada de calidez mutua, la banda contagió el espacio con un estilo particular: el sentir en cada canción.

En una escena marcada por la distorsión y el desenfreno, la propuesta de la banda destacó por su calma y conexión. El sonido y calidad técnica de sus principales intérpretes estuvieron a la altura de un desafío que no parecía sencillo: adueñarse del espacio de Metrónomo.

Entre vítores y aplausos, Rafa demostró que sus postales llegaron para quedarse y formar parte de una consciencia musical colectiva que lo admira y apoya. Después de tanto tiempo en este viaje, la –hasta ahora– última parada de la banda tuvo lugar en cada voz que respondió a las melodías del vocalista.

Jota Adler en Sala Metrónomo - Por Constanza Llefi

Los primeros sonidos

La apertura de la jornada estuvo a cargo de Jota Adler. A pesar de las demoras para iniciar, dio la bienvenida a los asistentes a través de “melodías oreja” y una voz que abrazaba sus palabras; además, anunció el lanzamiento de su primer disco, pactado para septiembre del presente año.

En una presentación tersa, el cantante preparó a la audiencia para una noche de nostalgia y romanticismo. En medio de guitarras eléctricas y acústicas, estrenó canciones nuevas, repasó las antiguas y pavimentó el inicio del show.

Jota Adler en Sala Metrónomo - Por Constanza Llefi

Luz, cámara, acción

Desde el primer acorde,  la presentación de Postales dejó claro que no iba a tratarse solo de canciones: había una intención escénica. Las visuales y “No me puedo acostumbrar” marcaron el pulso inicial, mientras Rafa Ferrari alternaba entre la armónica y la voz, y Lucio Fondón comenzaba a insinuar en la guitarra una noche que iría creciendo sin pedir permiso.

El show de Rafa Ferrari & the Daddy Issues pronto encontró una forma de dialogar con el pasado. “Bon Voyage” ayudó a conectar esa nostalgia, y el público empezó a responder como si cada tema trajera consigo algo conocido, algo que ya había estado allí esperando.

Rafa Ferrari en Sala Metrónomo - Por Constanza Llefi

Entre ecos y abrazos

El punto de mayor intensidad llegó desde lo emocional. En “Difícil de querer”, las luces de los teléfonos transformaron el recinto en un cielo improvisado. Ese pequeño marasmo —hecho de voces coreando, silencios atentos y una banda completamente entregada— encontró refugio en “Manto de seda”, como si el concierto aprendiera, por un momento, a respirar más lento.

Tras ello, la banda se retiró y quedaron solo Rafa y Lucio, dejando que la amistad sonara distinto, casi como un juego compartido frente a todos. El estreno de “Soy un juguete” apareció entonces como una complicidad en voz alta, sostenida por un falsete impecable y por un público que, lejos de extrañar a los músicos ausentes, parecía decidido a llenar ese espacio con coros y presencia.

Hacia el final, “Si la pena me atropella” desató un coro espontáneo: “olé, olé, olé, issues, issues”, confirmando algo evidente: gran parte del setlist ya pertenecía al público. La despedida llegó con el estreno de “Bailo”, y un Lucio desatado en la guitarra dejó flotando la sensación de que algunas noches no terminan; apenas se quedan resonando un rato más.

Rafa logró aunar ecos que a veces son difíciles de querer. Lejos del exceso, el show encontró fuerza en la cercanía: un recorrido nostálgico y romántico que se sintió como abrir viejas postales, volver a ver algo conocido y entender que ciertos momentos, envueltos en un manto de seda, permanecen un poco más allá del último aplauso.