El pasado 24 de abril, la tríada de proyectos compuesta por CICUTA, Yucatán y cóclea animó una jornada fervorosa en Sala RBX. Con una convocatoria juvenil, enérgetica y comprometida – que ya compone la tónica de tocatas de este estilo -, los tres shows aprovecharon de alzar los ánimos por los cielos.
Entre el fervor por ver a tres proyectos tan energéticos como emocionantes en Sala RBX, la antesala prometía una jornada de algarabía total. Los asistentes hablaban un lenguaje en común que durante las tres horas de show fuimos decodificando.
Pero primero, vamos con un breve repaso por la carta de presentación de cada conjunto.

Un triplete de descontrol
CICUTA es un proyecto que debutó en directo hace tan solo unos meses. La banda llegó a la Sala RBX con solo un sencillo en plataformas; “Nupcial” es muestra de la camaradería entre Cheidy y Renatto Olivares, con un pulso acelerado que otorga espacio al verso decidido y estruendoso. En vivo son 6: guitarras, cajas, bajo, batería e intervenciones ocasionales de saxofón.
Yucatán no dista del camino prematuro que ha recorrido CICUTA. De hecho, el quinteto también llegó con un solo sencillo en plataformas; “Tres Cruces” es misterioso, combustible y con una energía contenida que seguramente irán descargando con el tiempo. Acá hay un abanico amplio de voces que se reparten entre cuatro, mientras ocurre el diálogo de guitarras, bajo, secuencias, batería e incluso una flauta traversa que se entromete de vez en cuando.
Cóclea por su lado ya es un número mandatorio del circuito de bandas independientes. Son conocidos por su entrega ruidosa y directa al hueso, con un cardumen de fanáticos que fluyen por la corriente cadenciosa en cada show. En otras palabras, un colectivo de seguidores que no dudan en “coclear”.
La juventud reinaba en la Sala RBX. Una convocatoria que, con las pilas bien puestas, colmaba poco a poco el recinto de Vicuña Mackenna y era prueba latente de la tónica que suelen verse en las tocatas del 2026 en la escena independiente: público joven, comprometido, activo y listo para inyectarse un shot de adrenalina a la vena.
CICUTA
Luego de 30 minutos de espera – debido a dificultades con el recinto -, el rugido de las guitarras comenzaba a pavimentar el terreno del set y te daban a entender que, si no viniste con tapones de oído, estaría bueno que vayas cotizando un par.
“Chicharra” marcó el primer pulso de la noche; Cheidy, con gafas oscuras, alzaba sus versos entre gritos, mientras Renatto aseguraba “tarde o temprano todos cooperan”. Un contraste particular.
Así, al ritmo del cencerro y los disparos distorsionados de las guitarras, se armaba el primer mosh de la jornada con “El Malón”. Afírmate cabrito. Esta segunda canción, tuvo segmentos que parecían guardar una energía que eventualmente terminó explotando como un volcán furioso. En otras palabras, crean la necesidad de saltar y gritar, de descongestionar las reservas de energía y tensiones acumuladas.

Ahí está el valor de estas tocatas. Pero profundizaremos más adelante. “Cicuta 5” y – atención al título – “AURA” mantuvieron el hilo conductor bien arriba. Y si, yo le puse mayúscula a “AURA” porque gracias al saxofón inquieto de Renatto Olivares, que mantuvo un diálogo consistente con los gritos que escapaban de las cuerdas, protagonizó uno de los momentos más álgidos del show.
Y como si existiese un cable invisible, “Nupcial” se entrometió como la última apuesta de CICUTA sin espacio para respiros. Los asistentes calentaron sus voces para cantar al unísono la primera canción de la noche mientras la dupla bajo/batería vivió el mejor momento del set y armaron un desenlace voluptuoso.
La guinda del pastel fue como, al más puro estilo de Spiderman, Renatto se colgó de un fierro del escenario mirando cabeza abajo mientras se escuchaban los útlimos suspiros de la banda. CICUTA fue una prueba irrefutable de la algarabía que se vivió por aproximadamente 45 minutos con el primer espectáculo de la noche.
Yucatán
La apertura de puertas fue una intro con tónica de marcha; nos preparamos para la guerra y no hubo mejor opción para aclimatarse que “Tres Cruces”. El fraseo preliminar de la guitarra soltó las cadenas de un inicio explosivo que luego pasó a “Mal Me Pagas”, el segundo tema de la velada. Ariel, solamente con micrófono en mano, se entregó por completo a la canción y al público, rozando la primera línea.
Como mencionamos al principio de esta nota, la diversidad de voces en Yucatán es un factor diferencial. Por momentos la furia de las vocales se van pasando como un testimonio, con momentos cumbres de Belén, Ariel, Gérard y Antonio.
Así, van construyendo una atmósfera que por momentos parece sectaria, con Antonio paseándose por su caja de herramientas; introduce secuencias y sonidos pregrabados, por momentos se aventura con la guitarra y también suma una flauta traversa, la cual abre “Flor de Añañuca”. Gérard en las vocales quiebra las tensiones del tema para que Ariel lo finiquite con un solo de guitarra.
Y como si se tratara de un in crescendo, los ánimos encuentran su clímax en la parte final del show. “Xino” invoca los saltos de los asistentes gracias a Ignacio y Belén, que representan el pulso punzante del tema mientras las guitarras armaron un pasaje más que eléctrico.

Con un interludio de un escrito de Gabriela Pizarro, dan paso a “Ciudadela”. Entre un clima tenebroso dieron punto final al show con los ánimos por los cielos, con un tema que supo tomar aire para posteriormente desencadenar pasajes de desahogo entre los más de cinco minutos que se extendió. Yucatán fue una prueba más de la latente algarabía que se vivió en Sala RBX.
cóclea
El cuarteto se paró en el escenario y la promesa de ruido estaba asegurada. Tanto así, que el público desde un principio estuvo más que dispuesto a generar el círculo de rigor; el mosh, los gritos, los saltos, los empujones, el desahogo, todo eso tendría espacio durante la próxima hora y tantos minutos.
“Cairo”, “Yam” y “Zero” fue la tríada que lanzó los primeros golpes sobre la mesa. El sonido estruendoso fue recibido como un abrazo por los asistentes. Acá se respira un lenguaje en común, porque no solamente importa el show que estás viendo sobre el escenario; como lo vives es igual de importante. Y acá, muchos eligen el descontrol.
En “Zero”, la ansiedad de la trompeta le añadió una capa de locura al tema, que también protagonizó “Latex” y “Zugzwang”, instrumentales que se cocinaron a fuego lento hasta que reventaron; la energía se acumulo como si fuese una gran bola de nieve que rompió como una verdadera avalancha.
El show mantuvo su curso caótico entre invitados y cóclea demostró que no es solamente hacer ruido, sino que saber nadar en él.







