La primera vez que vi el nombre de Serial fue en un flyer, con una estética muy nipona, de una tocata a la que iba. Tenía la entrada comprada desde mucho antes para ver a Hesse Kassel en el Aula Magna del Liceo Manuel de Salas. Estaban anunciadas como teloneras y lo único que sabía de ellas era lo que me dijo un amigo: “son como las Midori chilenas”. La canción del post era “Kanashiihibi” de Midori, así que la referencia me hizo sentido.
El 30 de noviembre de 2025 llegué temprano para ver quiénes eran. El escenario estaba adornado con sombrillas wagasa como parte de la escenografía, mientras ellas aparecieron usando sailor fukus, uniformes japoneses inspirados en trajes de marineros.
La presentación tuvo momentos muy calmos, con capas más atmosféricas, y otros donde se lanzaron guturales brutales, secos y potentes. Esa combinación me dejó pensando varios meses. El 11 de febrero, cuando lanzaron su EP Parches para una máquina rota, entendí que lo que vi ese día no fue una casualidad.
En Batiscafo conversamos con Serial, grupo femenino chileno que viene construyendo una propuesta intensa, con influencias que cruzan el screamo, el punk japonés, el shoegaze y la electrónica bajo un imaginario de raíz asiática.
El origen y la decisión de ser un grupo femenino
Serial nació por iniciativa de Tani (20), que conocía a Agatha (25), oriunda de la Quinta Región y estudiante de composición en Santiago. La idea inicial era reunirse, sumar a otra amiga llamada Sarah y comenzar a tocar. Esa fue la formación que se mantuvo hasta la presentación en el Liceo Manuel de Salas y la que participó en el primer EP de la banda.
“Las cosas salieron bien y empezamos a hacer música al tiro. Actualmente, por distintos motivos, el grupo se comporta como un dúo, pero para sostener la propuesta en vivo necesitamos más integrantes”, explicó Tani.
La formación de Agatha en composición ha sido un soporte técnico importante. Hay una estructura detrás del ruido. Pero más allá de eso, hay una intención auténtica de consolidar una identidad propia. En un circuito donde abundan proyectos cercanos al screamo, al emo o al shoegaze, Serial no encaja del todo en ninguna etiqueta.
El proceso tampoco ha sido lineal. Compatibilizar estudios y música se volvió difícil.
“Tuve que congelar. Me ha costado terminar los estudios. La composición le exige mucho al oído y a veces cuesta avanzar”, contó Agatha. “En estos momentos no estoy estudiando, pero nos propusimos aprovechar al máximo ese tiempo en Serial”, agregó Tani.
A esa tensión se suma otra, el lugar de las mujeres en la escena independiente. Para Agatha y Tani, ese problema es evidente. Por eso la persistencia de Serial tiene un sentido más amplio.
“Desde el principio teníamos claro ser un grupo de mujeres y que eso no quedara relegado solo a la labor de vocalista”, dijo Tani. “Queríamos hacer nuestra propia música y dar voz a eso”.
La brecha es visible en carteles y tocatas. Aunque la presencia femenina ha crecido considerablemente, sigue siendo menor en roles instrumentales y de composición. Serial quiere romper ese patrón:
“Hay muchas chiquillas que tocan bien, pero se sienten intimidadas en estos espacios”, señalaron. “Nosotras queremos aplicar el tema de la composición, hacer nuestras propias canciones, tocar instrumentos y atrevernos a hacer cosas nuevas”.
La estética que despliegan en vivo responde también a esa postura.
“Nos planteamos ser un grupo femenino con propuesta en todo ámbito. Por eso nos subimos al escenario vestidas de cierta forma, con estos peinados, harto adorno y escenografía. Preparamos un show que demuestre el potencial que tenemos”, afirmó Tani.
El sonido de Serial
En su sonido se perciben influencias particulares, desde la energía del punk jazz japonés de Midori hasta pasajes más cercanos al shoegaze y proyectos con sintetizadores y samples. El diálogo entre estos recursos ha ido construyendo un sonido distinto a lo que se venía viendo en el circuito independiente chileno.
“Si podemos mencionar algo muy base en nuestro sonido sería My Bloody Valentine y Blonde Redhead. Todo esto también viene de nuestro gusto por el anime y el cine. Parte de la historia de Serial se debe a eso”, detalló Tani.
El cine japonés aparece como una influencia transversal.
“Sé que nos asocian mucho a Lili Chou-Chou, Midori y esas cosas. A mí personalmente me gusta mucho el cine japonés y mi director favorito es Terayama”, comentó.
La mención a Terayama remite a una estética fragmentada, subversiva, cargada de simbolismo y ruptura con lo tradicional. Esa lógica también se percibe en Serial. Cambios abruptos, contraste entre lo íntimo y lo violento, una narrativa que no busca ser lineal.
En vivo suelen incorporar otros recursos y elementos para enriquecer la performance.
“Además de tocar los temas, presentamos cosas electrónicas que tiro desde el computador: interludios, samples, audios. Es algo que tenemos que seguir desarrollando, crear un portal inmersivo para el público”, explicó Agatha.
Parches para una máquina rota
Cuando comenzaron a grabar el EP, optaron por registrar primero su lado más pesado. Este tuvo la participación de sus integrantes iniciales, Tani Alexa, Agatha Griño y Sarah Cox, quien ya no forma parte de Serial pero fue un gran pilar tanto para la creación como para la puesta en escena.
“La idea inicial era mostrar esta parte más screamo, más agitada”, comentan. Sin embargo, reconocen que también existe una veta más melódica y atmosférica que esperan profundizar en próximos trabajos.
Parches para una máquina rota abre con “La noche ya estaba en mis manos”, una pieza que se instala lentamente a partir de samples y pulsos electrónicos que van tensando el ambiente antes de que aparezca la distorsión.
Ese umbral se cruza con “Monóculo de estación”. Ahí la intensidad crece e irrumpen los gritos. Las letras toman un lugar más evidente dentro del caos controlado que propone la banda. “Progresivo I” aparece entonces como un interludio breve, como una pausa de memoria suspendida, antes del golpe final.
El cierre llega con “No puedo mirarte y sólo pensar estar bien”. En poco más de un minuto, Serial deja claro que ese ruido se vuelve un vehículo de una sensibilidad más íntima.
La confección del EP estuvo marcado por cambios de formación y momentos complejos. “Pasamos por muchos altibajos. El proyecto estuvo a punto de desmoronarse”, admitieron.
Su título Parches para una máquina rota refleja ese estado, el de una maquinaria que insiste en avanzar, incluso cuando la estructura se tambalea.
Una nueva integrante y el camino hacia el primer LP
Serial estaba en conversaciones para sumar nuevas miembros y darle mayor estabilidad a su formato en vivo. A través de sus redes sociales anunciaron recientemente la llegada de una tercera integrante, Luna, guitarrista que se ha ido abriendo camino con reels en Instagram donde muestra su trabajo.
Entre sus planes está seguir tocando con regularidad, agendar la mayor cantidad de fechas y lanzar su primer larga duración en los próximos meses, si las condiciones lo permiten.
También quieren profundizar la dimensión performática e integrar mejor lo visual, lo sonoro y lo electrónico. Incluso en esa etapa inicial muestran bastante profesionalismo y ya dejaron claro que su propuesta no es accidental.

