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El piano al centro de la noche: Elton John en Viña 2013

Elton John en vivo. Por Roberto Ferló vía Flickr. https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/deed.en.

Cuando Elton John apareció en la Quinta, no hubo necesidad de mayores preámbulos. El piano —negro, brillante, dispuesto casi como un punto de equilibrio— marcó desde el inicio el tono de una presentación que avanzó sin apuro, apoyada en la solidez de un repertorio que no necesita explicación para imponerse en un escenario como el del Festival.

Más que un espectáculo diseñado para conquistar al “Monstruo”, lo que se vio fue a un músico cómodo en su oficio, dejando que las canciones ocuparan el espacio.

El escenario como partitura

El arranque con “The Bitch Is Back” instaló de inmediato un sonido claro, casi clínico. Desde el piano, Elton John condujo cada entrada con gestos breves, atento a los matices. La banda —con guitarras medidas, bajo firme y batería contenida— reforzó la sensación de control que atravesó todo el concierto.

No hubo urgencia; cada tema pareció ocupar su espacio justo, con versiones que respetaron sus tiempos y sumaron breves desarrollos instrumentales —como en ‘Rocket Man’—, reforzando la sensación de un espectáculo llevado con calma, poco habitual en el ritmo televisivo del Festival de Viña.

El peso de las canciones

El concierto avanzó apoyado en un repertorio conocido. Piezas como “Rocket Man” y “Your Song” aparecieron como puntos de referencia en un recorrido donde primó la claridad por sobre la sorpresa. En “Candle in the Wind”, la Quinta se mantuvo en silencio, como si el anfiteatro entendiera que el momento pedía contención.

No fue necesaria una interacción constante para mantener al público atento. Bastaron saludos breves y agradecimientos puntuales para sostener una conexión que se construyó, sobre todo, desde la ejecución y el cuidado en cada arreglo.

Más que un instrumento

Había algo casi hipnótico en la forma en que Elton John abordaba el piano: los arreglos, ejecutados con nitidez y decisión, daban la impresión de que cada tecla tenía asignado un dedo específico, como si el recorrido sobre el teclado estuviera trazado de antemano y se desplegara naturalmente frente al público.

En clásicos como “Bennie and the Jets”, la relación se hacía visible en los ataques precisos y en la manera de articular cada figura, con el instrumento funcionando no sólo como acompañamiento sino como motor expresivo que empujaba la canción desde dentro.

La luz al final del show

Los premios —Antorchas y Gaviotas de Plata y Oro— ya habían sido entregados poco antes, casi como un trámite dentro del flujo de la noche. Con ellos a un costado, Elton John retomó la interpretación y dejó que la última canción se extendiera sin mayor ceremonia.

En los minutos finales de “Your Song” , la Quinta se iluminó por los teléfonos de los asistentes. No fue un gesto ensayado con antelación ni mucho menos, sino algo más cercano a un agradecimiento silencioso, una forma sencilla de participar de una pieza que, a esa altura, se sentía compartida entre el escenario y el coro resplandeciente que lo acompañaba.

El músico ofreció un concierto de ejecución precisa y pulso constante. El protagonismo recayó en el piano y en una banda que sostuvo cada arreglo con sobriedad. Recorrió sus clásicos, recibió ambas Antorchas y Gaviotas y dejó la impresión de una noche marcada por la prolijidad, el orden y el talento. Más cercana a una escucha atenta que a la espectacularidad habitual del festival.