Grabar, girar y no morir en el intento: Abelocaín y Anttonias en el circuito chileno

Anttonias y Abelocaín - Batiscafo

Hacer música en Chile implica, antes que cualquier ambición masiva, una pulseada constante con el entorno. No basta con componer buenas canciones; demanda sostener un proyecto cuando la plata no alcanza, descifrar cómo defender un repertorio frente a la tiranía de las plataformas y buscar espacios para tocar en un circuito que cambia de reglas todo el tiempo.

En ese presente coinciden Anttonias y Abelocaín, dos proyectos que transitan etapas diferentes en su recorrido, pero que comparten una postura clara: hoy en Chile la música también significa hacerse cargo de la realidad.

El gallito con el circuito independiente

Levantar una banda en Chile rara vez responde a algo en específico. Para la gran mayoría de los proyectos locales, el patrón sigue siendo el mismo, entre compatibilizar salas de ensayo con turnos de trabajo precarios, congelar estudios universitarios para financiar instrumentos y lidiar con la hostilidad de las redes sociales cuando una oportunidad abre puertas fuera del nicho. Ese desgaste cotidiano no sólo pone a prueba la resistencia mental, sino también la capacidad de construir comunidad en un ecosistema fragmentado.

Una visión que conecta con la experiencia de Abelocaín y su insistencia en el valor del directo. En diálogo con La Máquina a propósito de su nuevo material, el cuarteto remarcó que el circuito se valida cuerpo a cuerpo, subrayando que la música termina de tomar forma real recién cuando sale del encierro del estudio y se proyecta arriba del escenario frente al público.

Entre la precariedad de la autogestión y el apetito voraz de las plataformas digitales, el verdadero desafío de una banda joven radica en sostener esa fricción en vivo sin perder la identidad en el camino.

Abelocaín en la selva de cemento

En la vereda de Abelocaín, Santiago no es una postal poética, sino que funciona como motor principal en sus composiciones. Tras la huella de Soledario (2022) y el EP Ando en Algo (2025), el cuarteto integrado por Vicente Labrín, Elías Salinas, Benjamín Monrroy y Felipe Acevedo acaba de poner en circulación Santiago No Espera, un disco que funciona como radiografía cruda del cansancio social. Esa búsqueda sonora dialoga con una mirada crítica y desencantada de la vida cotidiana.

En conversación con Radio Futuro a propósito del estreno de «No Prende», Vicente Labrín fue claro al plantear que «lo que nos dijeron era mentira, la alegría nunca llegó. Aún así, somos militantes, pero no de partidos políticos. Más bien, militantes de los frustrados, empastillados, asaltados, perdedores y de aquellos que, a pesar de todo, siguen dándole».

Esa incomodidad con la retórica oficial se vuelve todavía más visceral en «Tiempos Violentos», donde cruzan el rock con el testimonio de Estela Ortiz recordando el crimen de José Manuel Parada y Juan Fernando Ortiz en dictadura. Lejos de encerrarse a mirar el techo, la banda concibe Santiago No Espera como material de choque, con canciones pensadas para sacarse la rabia y cobrar vida cuando se tocan en vivo frente a la gente.

Anttonias: entre el vértigo del debut y la madurez sonora

Para Anttonias, en tanto, el último año ha sido un curso intensivo de exposición y resistencia. Tras instalarse en 2025 con el rock y pop alternativo de su disco homónimo, el grupo debió aprender sobre la marcha a blindar su propuesta frente a la exposición mediática y las exigencias de un público que juzga a la velocidad del mismo internet. Lejos de acomodarse a lo que les dejó su primer trabajo, la banda volcó esa experiencia en una búsqueda estética más densa y madura para su segundo álbum de estudio.

Esa maduración a golpes se tradujo en un volantazo sonoro. El primer giro llegó con «El Dolor», una canción donde el desahogo personal y el influjo de Sinéad O’Connor se transformaron en músculo melódico, y se profundizó recientemente con «Verlos morir». En este último adelanto, el quinteto despliega atmósferas oscuras, silencios calculados y muros de distorsión para plantar cara frente a la contingencia nacional.

Según señalaron en su lanzamiento, el tema nace de «la rabia que surge ante el negacionismo y la impunidad de quienes eluden su responsabilidad histórica. Apelar a mirar al futuro no puede usarse para cerrar una herida abierta ni para relativizar crímenes que jamás deben olvidarse».

La conversación pendiente

¿Cómo conviven la búsqueda estética, el mensaje social y la subsistencia económica en una banda independiente? ¿Qué rol juegan la prensa cultural y las redes sociales cuando la música sale a disputar espacios en vivo? ¿Cómo se construye una escena sólida sin caer en el algoritmo ni en la precariedad de siempre? Son preguntas que atraviesan tanto la creación musical como el oficio periodístico y la comunicación contemporánea. Por eso, este miércoles abrimos el espacio para conversar directamente con los músicos.

El Batiscafo invita al conversatorio con los integrantes de Abelocaín y Anttonias este miércoles 14 de octubre, entre 18:00 y 20:00 horas, en el Auditorio Carmen Bueno – Jorge Müller de la Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (Campus Juan Gómez Millas). La entrada es liberada, previa inscripción en Forms.