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Meat is Murder: la incomodidad como forma de belleza

Portada Meat is Murder de The Smiths. Diseñado por Morrissey. Fotografía de In The Year of the Pig de Émile (1968) de Antonio.

Un año después de su debut discográfico, The Smiths impactó como un obús a nuestros oídos con “Meat Is Murder”. Con temas como “Well I Wonder” o “I Want the One I Can’t Have”, este trabajo se convirtió en el primer y único álbum de la banda en alcanzar el número uno en las listas del Reino Unido.

Alejado de las metáforas, el título es un reflejo de los ideales de Morrissey, quien en entrevistas explicaba como sentía que la música debía hacer declaraciones serias. Además, el vocalista, fiel a su estilo, criticaba a bandas que “solo vendían discos sin elevar la conciencia de nadie”.

Meat is Murder: un trayecto sin rodeos

La canción que nos abre las puertas a este incómodo viaje es “The Headmaster Ritual”, un tema con guitarras melódicas comandadas por Johnny Marr, similares a las del debut. Sin embargo, aquí la diferencia la hace Morrissey; con una letra mordaz, el vocalista nos retrata la cruda realidad de las escuelas en Manchester y la violencia ejercida por las autoridades de estas.

Este álbum debe disfrutarse de inicio a fin y, dentro de lo posible, sin ninguna pausa. A medida que el disco avanza, como oyentes somos testigos de la diversidad musical que habita en este trabajo. Por ejemplo, podemos encontrar canciones con influencias que levitan incluso cerca del funk, como es el caso de “Barbarism Begins at Home”, donde también hay rockabilly o jangle pop. 

Una dupla infravalorada

Lo que engrandece a este álbum no es solo su crítica y la oscuridad que transmite; este álbum brilla de forma íntegra. Si bien pensar en The Smiths es pensar en la dupla Moz–Marr, no podemos negar el excelente trabajo de Mike Joyce y Andy Rourke. Este último se luce con el sonido de su bajo, ya que no solo acompaña al resto del grupo, también narra, guía, empuja y golpea.

Banda The Smiths, circa 1985. From left to right; Andy Rourke, Morrissey, Johnny Marr, and Mike Joyce.

Meat Is Murder nos muestra que no toda manifestación tiene que alzarse en decibeles: es un proyecto ético que no pierde su estética y armonía. Podríamos definir este disco como un “discurso” que incomoda, pero donde esta misma incomodidad convive con la belleza; un alegato político que no solo se transmite por la voz, sino en el que cada instrumento tiene algo que decir.