El 5 de noviembre de 1983, apenas una semana después de las elecciones que marcaron el fin a la dictadura de Perón, Charly García lanzó Clics Modernos.
Grabado en Nueva York, sin plan ni certezas, Clics Modernos fue el salto al vacío que terminó marcando una época. Con máquinas, humor y rabia, Charly cambió su historia y la del rock en español.
Una ciudad que lo hizo clic
Con Serú Girán ya disuelto y la dictadura llegando a su fin, Charly viajó a Nueva York buscando aire y ruido nuevo. Instalado en un pequeño loft, se propuso grabar sin plan fijo. “Cuando empezó, no tenía ni idea de grabar Clics Modernos, ni siquiera el título”, contó García en una entrevista concedida al programa radial El Despertador en diciembre de 1983.
Involucrado con la bohemia local, llegó hasta el productor Joe Blaney, quien había sumado experiencia como técnico en los estudios Electric Lady –los mismos que usó Jimi Hendrix– ahí encontró lo que buscaba: sonido, caos y libertad.
Lo que vino no fue solo otro disco, formó parte de una redefinición. Usó una caja de ritmos Roland TR-808 y una tecnología inédita en el rock argentino. Charly programaba, grababa y probaba texturas electrónicas combinadas con su melódica de siempre, mientras toda su banda lo miraba sin entender del todo. No le importaba mucho lo melodioso, él quería movimiento.

Clics Modernos fue su ruptura con todo lo anterior. Mientras en Buenos Aires se hablaba del “nuevo rock argentino” de la mano de grupos como Soda Stereo, Virus o Los Abuelos de la Nada, él ya estaba mirando más lejos.
Rolling Stone lo llamó “su quiebre definitivo” una forma de liberarse del peso de su propia historia. En vez de nostalgia, elegancia; en vez de épica, ironía.
Una sombra en Nueva York
La portada nació casi por azar. Después de tomar unas fotos en la calle, Charly y Uberto Sagramoso, el fotógrafo, encontraron en una esquina un mural del artista Richard Hambleton, conocido como Shadowman.
“La imagen nos chupó como un imán”, recordaría el fotógrafo.
Esa silueta humana —que él mismo dijo que le recordaba a las marcas de los desaparecidos en Argentina— se volvió símbolo.
El nombre vino de un graffiti cercano: Modern Clix, del músico Fran Powers y el grafitero Zephyr. Traducido, dio origen al título: Clics Modernos.
Entre sus canciones están “Nos siguen pegando abajo”, “No me dejan salir” y la eterna “Los dinosaurios”. Esta última se convirtió en himno: una despedida velada a los desaparecidos y una alerta sobre lo que venía.
“Los que están vivos igual nos están matando”, escribió cuando la herida aún estaba abierta.
Décadas después, Rolling Stone Argentina lo ubicó entre los mejores discos del rock nacional. Charly no copió tendencias: las adelantó. Ni el paso del tiempo ni la tecnología lograron envejecerlo: Clics Modernos sigue moviéndose como el primer día.
En palabras suyas: “Yo no hago música para gustar, hago música porque me gusta”.
Los clics siguen sonando
Clics Modernos fue el paso hacia adelante que nadie se atrevía a dar. Un disco nacido entre el ruido de la ciudad y la necesidad de empezar de nuevo.
Charly no esperaba aplausos: solo quería seguir creando. Y lo logró. Cuatro décadas después, su clic sigue marcando el ritmo de todo lo que vino después.
“El rock no se trata de portarse bien, se trata de decir la verdad.”
– Charly García a Clarín, especial por su cumpleaños 62 (2013)

