El pasado 22 de noviembre el Centro de Extensión Balmaceda se transformó en un portal hacia el sur de Chile, acogiendo a Los Fomes, un cuarteto que expande las fronteras ancladas a la isla de Quellón.
La banda tocó más de 20 canciones que rindieron homenaje al rock nacional y a aquellas grandes influencias latinoamericanas.
Por María José Jerez
Un viaje musical desde Quellón a la capital
Las luces color ocre fueron revelando uno por uno los rostros que se escondían tras el humo blanquecino del escenario, que simulaba una bruma costera. En lo que parecía ser un viaje al pasado, los oriundos de Quellón recibieron al público con una reinterpretación de “Somos Tontos No Pesados” de Los Tres.
Desde el primer acorde de “Lo Mismo Pero Más Barato”, la audiencia quedó hipnotizada por el coqueteo de Los Fomes con la psicodelia a la chilena. Las líneas de bajo de Sergio, que hicieron vibrar el salón, fueron barnizadas por la guitarra de Roque y las numerosas cascadas de texturas desplegadas en el show.
La energía, carisma y desplante escénico de Los Fomes
Luciano, en la batería, se encargó de mantener la escena a punta de patrones rítmicos llenos de contraste. El carisma, los movimientos y la voz inconfundible de Lorenzo trascienden cualquier tarima, logrando que su desplante sea digno de un anfiteatro.
El repertorio se movió con destreza entre géneros adyacentes al rock latinoamericano, llevando a la multitud desde la parte más blusera del sur de Chile hasta los frenéticos destellos de jazz.
La mezcla de estilos no solo destacó la maestría musical del grupo para sostener la euforia de los asistentes, sino que también su capacidad de hacer guiños a “Oye como va” y “Te hacen falta vitaminas”, versionando a grandes influencias como Santana y Soda Stereo.
Vino, guitarras y momentos íntimos
Lorenzo y Luciano intercambiaron instrumentos mientras Sergio dedicaba algunas palabras que dejaron a más de uno con los ojos vidriosos. Sin duda, uno de los momentos más íntimos de la tarde que preparó el terreno para dar paso a un bloque distinto.
El canto suave y primaveral del baterista, que empuñó la guitarra, entonó “La Torre Huillinco”, “De Tus Sueños” y “Cabro Chico”. Entre líneas apareció una pieza inédita del conjunto, “Hasta Que Amanezca”.
Entre homenajes y tributos, los músicos volvieron a la alineación principal para tocar “Quítate el Disfraz”, el primer tema que subieron a Spotify. Inmediatamente después se impusieron con la vitamina que faltaba. El público armó un mosh pit al son de “No Soy un Modelo a Seguir”, donde las risas, los empujones y los saltos coronaron la velada que jamás se destiñó.
Se acercaba el final y “Volim Te”, se erigió entre la gente rebalsada de un júbilo que marcaba el ritmo con los pies en el suelo. Desde los pedales brotó “Buen viaje”, de las más personales que interpretaron sentados junto a la juventud que entrelazaba sus manos y los bailarines solitarios.
Cierre entre luces rojas y sincronía
Las luces rojas encandilaron la sensual tonada en “El idioma de los Callados”. El cuarteto chilote nunca perdió conexión entre ellos; siempre se miraban, recordando que no eran uno solo, sino una perfecta sincronía colectiva.
El acto cerró con la presencia de un invitado especial que los transportó a los comienzos de su trayectoria, un gesto nostálgico que redondeó la noche.
Ni una presentación es igual a la anterior. En los entretiempos, conversan y plasman su humor, que arranca risas y aplausos, como algo cotidiano. El nivel de juego e improvisación que existe entre los artistas arma toda una coreografía que mantiene a todos los focos atentos a sus siguientes pasos en un espectáculo único e irrepetible.

