Es cierto que muchos de las bandas que lograron consolidarse tenían una fórmula que marcaba las pautas para todo el proceso creativo, pero también existieron períodos de su trayectoria artística donde estos parámetros fueron sustituidos en gran parte por la improvisación.
Esto le ocurrió a The Smashing Pumpkins con Mellon Collie And The Infinite Sadness (1995), un caleidoscopio de sonidos bien pulidos que se convertiría en la pieza más policroma de su discografía.
Christopher John Farley, de la revista Time, describió el álbum como “el trabajo más ambicioso y logrado de la banda hasta la fecha”. En sus palabras, “se percibe que la banda avanzó de manera instintiva; el vasto contenido del álbum, con 28 canciones, no permite anticipar predicciones o concepciones preconcebidas”.
La combinación de texturas barrocas y una narrativa emocional cruda estableció el sonido distintivo de la tercera entrega del grupo.
La banda atravesaba un periodo de crisis que casi acaba con sus carreras, marcada por la separación amorosa de la bajista D’arcy Wretzky y el guitarrista James Iha, la adicción del baterista Jimmy Chamberlin a la heroína y la depresión de Corgan.
“Después de Siamese Dream, realmente sentí que no teníamos futuro, que era el final de la línea en lo que respecta a la banda, emocional y creativamente”, detalló Corgan a Rolling Stone en 1995.

El comienzo de una nueva era
Luego de una agotadora gira de 13 meses, el deseo de crear algo más ambicioso resurgió, siendo una especie de terapia para la banda.
A diferencia del Siamese Dream (1993), que para muchos es la obra más balanceada y disfrutable de la banda, el Mellon Collie es un proyecto conceptual, soñador y repleto de contrastes grandilocuentes. Las piezas no funcionan de manera aislada y necesitan puentes de unión entre una canción y la otra.
La improvisación juega un papel fundamental en este proceso, permitiendo que la banda experimente con nuevas melodías. De ahí surgieron esos característicos ritmos de piano de Billy Corgan, que reflejaban su desencanto con el mundo.
El álbum incorpora una amplia variedad de instrumentos, desde piano en “Mellon Collie and the Infinite Sadness”, sintetizadores y loops de batería en “1979”, una orquesta en “Tonight, Tonight”, hasta el uso de MIDI en “Beautiful” e incluso objetos como saleros y tijeras en “Cupid de Locke”. Además, aumentaron los recursos técnicos, utilizando varias salas de grabación simultáneamente, mientras se preguntaban constantemente: ¿Cuál será el hilo conductor que unirá todo
La tónica era plasmar la tristeza y frustraciones de la agrupación. “En el pasado, todo tenía que ser overdubbed y superpuesto en capas de guitarra de forma exagerada. Esa no era nuestra intención esta vez”, expresó Iha. En este punto, introduce la importancia de los mismísimos James y D’arcy en el contexto del álbum, tanto desde su papel musical como desde su impacto simbólico en la banda, pues era primera vez que grababan sus propios instrumentales.
El crítico Jim DeRogatis elogió el álbum, destacándolo como “uno de los pocos discos de rock épico en el que la mayor parte de su ambición está respaldada por sus ritmos”. Sin embargo, señaló que el punto más débil del disco eran las letras de Corgan.
Un himno que marcó a una generación
Tonight, Tonight, la canción que condensa toda la melancolía es acompañada por un video inspirado en El viaje a la luna de George Méliès. Un video en el cual tuvieron dificultades encontrando vestuario, ya que el director James Cameron alquiló casi todos los trajes de época para Titanic. El tema se grabó con la Orquesta Sinfónica de Chicago, lo que para Corgan fue una de las experiencias más emocionantes de su vida.
Cree en mí / que la vida puede cambiar / que no estás estancado en vano. Dice la letra que recoge los difíciles días de infancia de Corgan, donde sufría acoso escolar y tenía a su abuela Martha como único apoyo.
1979 se erigió como un himno de la nostalgia adolescente, encapsulando la transición entre la inocencia y la madurez. Con sus loops de batería y sintetizadores, marca una diferencia sonora respecto a otras piezas del álbum, adoptando un tono más suave. La letra, inspirada en las memorias de juventud de Corgan, describe la paradoja de libertad y desesperanza que acompaña el final de la adolescencia.
La libertad creativa que caracterizó a Mellon Collie and the Infinite Sadness no solo se tradujo en un álbum épico. Redefinió el sonido de la banda, marcando una transición en su estilo y estableciendo un nuevo estándar en el rock alternativo de los años 90.

