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MUDA y el desafío de transformar la memoria en una experiencia colectiva

Festival MUDA 2026 - Por Sebastián Lara

Durante los días 3 y 4 de octubre, el Parque Estadio Nacional fue escenario de la primera edición de MUDA (Música, derechos humanos y arte), un encuentro que reunió música, derechos humanos, arte, democracia, editoriales independientes, organizaciones sociales, sitios de memoria, teatro, gastronomía y espacios de conversación.

La apuesta era ambiciosa: demostrar que la memoria puede ser una experiencia viva, capaz de convocar a distintas generaciones a través de la cultura y al menos en términos de convocatoria y programación artística, el objetivo parece haberse cumplido.

Exponentes intergeneracionales

Más de 40 artistas y bandas formaron parte de un cartel que cruzó generaciones y estilos musicales. Sol y Lluvia, Illapu, Inti-Illimani, Ana Tijoux, Álex Anwandter, Javiera Mena, Camila Moreno, Electrodomésticos, Chinoy, Hermanos Ilabaca y Candelabro fueron algunos de los nombres que dieron forma a dos jornadas donde la música terminó siendo el principal motor de convocatoria.

Si hubo algo que nunca falló durante MUDA fue precisamente aquello que ocurría sobre los escenarios: el sonido fue uno de los aspectos más sólidos del festival, tanto en las propuestas históricas vinculadas a la Nueva Canción Chilena como en las nuevas expresiones del pop, el rock, el hip hop y la experimentación sonora.

La programación también evidenció un trabajo curatorial interesante, el sábado permitió observar el contraste entre referentes históricos como Illapu y Sol y Lluvia con artistas contemporáneos como Ana Tijoux, Javiera Mena y Álex Anwandter, el domingo profundizó esa diversidad con nombres como Camila Moreno, Electrodomésticos, Candelabro, Hesse Kassel e Inti-Illimani.

Muchos de los artistas aprovecharon además sus presentaciones para abordar temas relacionados con la memoria, la democracia y el contexto político actual, reforzando el carácter del encuentro más allá del espectáculo musical.

La presencia del expresidente Gabriel Boric en la Carpa del Pensamiento fue uno de los momentos más comentados del fin de semana, durante su intervención afirmó que “cuando nos invitan a ser moderados, nos están pidiendo que dejemos de soñar”, en un conversatorio centrado en democracia y memoria.

Sitios de memoria y derechos humanos

Desde una perspectiva cultural y simbólica, MUDA sí logró instalar una conversación relevante: en un contexto donde los sitios de memoria enfrentan dificultades de financiamiento y donde los debates sobre derechos humanos vuelven a ocupar espacio en la discusión pública, el festival consiguió reunir a miles de personas en torno a una causa común.

El mensaje central de la organización sobre que “la memoria no pertenece a un sector político y que los derechos humanos son una responsabilidad colectiva” logró materializarse en un espacio donde convivieron música, reflexión, patrimonio y participación ciudadana.

“La memoria sigue siendo un tema que nos convoca, que reúne a distintas generaciones y que demuestra que la cultura chilena tiene un compromiso irrenunciable con los derechos humanos y la democracia”, señaló durante el encuentro Marcelo Acevedo, presidente de la Coordinadora Nacional de Sitios de Memoria y vocero del festival.

Quizás el principal mérito de MUDA fue precisamente sacar la memoria de los espacios tradicionales y trasladarla a un formato masivo. Durante dos días, el Parque Estadio Nacional dejó de ser únicamente un lugar asociado al recuerdo del horror para convertirse también en un espacio de encuentro, celebración y reflexión colectiva
Sin embargo, junto a sus aciertos, la organización dejó en evidencia varias falencias que afectaron la experiencia de asistentes y trabajadores.

Festival MUDA 2026 - Por Sebastián Lara

Las aristas a mejorar

Uno de los problemas más visibles fue la distribución del recinto, la distancia entre escenarios, stands, editoriales y espacios de conversación generaba largos desplazamientos que, por momentos, transmitían una sensación de desconexión entre las distintas áreas del festival.

La infraestructura para el público también presentó dificultades, la ausencia de zonas de descanso con suficientes asientos, sumada a la ubicación poco visible de los servicios higiénicos y problemas de limpieza en algunos momentos de la jornada, fueron aspectos comentados por varios asistentes.

Otro punto que generó observaciones fue la configuración del escenario principal Sergio Ortega; la amplia separación entre el público general y el escenario. Marcada por un extenso sector de sillas ubicado frente a la tarima, la brecha redujo en varios momentos la sensación de cercanía entre artistas y asistentes. Además, la pasarela tuvo un uso limitado durante ambas jornadas y no alcanzó a integrarse plenamente a la propuesta escénica de la mayoría de los espectáculos.

También, hubo reparos respecto a algunos cruces de horarios entre escenarios: uno de los casos más comentados fue la coincidencia entre la presentación de Hesse Kassel y parte del show de Inti-Illimani, situación que obligó a varios asistentes a dividir su tiempo entre ambos conciertos o, derechamente, perderse una parte importante de alguna de las presentaciones.

En la misma línea, el cierre del escenario Patricion Manns con Teorema junto a su banda Banda y Como Asesinar a Felipes casi no tuvo asistentes ya que una mayor congregación de gente estaban expectantes en el escenario principal esperando a Candelabro y Mil Guitarras por Victor Jara.

Finalmente, la lluvia del domingo obligó a realizar ajustes en la programación, provocando retrasos menores que lograron resolverse sin afectar significativamente el desarrollo del evento.

Un encuentro necesario

A pesar de esos problemas, sería injusto reducir MUDA a sus errores organizativos: el festival consiguió convocar a miles de personas durante dos días completos, instaló conversaciones relevantes sobre memoria y derechos humanos, reunió a generaciones distintas en un mismo espacio y presentó una programación artística de alto nivel.

Los desafíos para futuras versiones parecen claros: mejorar la logística, fortalecer la infraestructura para el público, optimizar la distribución de espacios y corregir detalles operativos que quedaron expuestos en esta primera experiencia. Porque si algo quedó demostrado durante este fin de semana es que existe público para una propuesta como MUDA en estos tiempos de aguas turbulentas e incertidumbre.

La música funcionó, los artistas respondieron, la convocatoria estuvo presente, la memoria, lejos de ser un tema del pasado, volvió a reunir a miles de personas. Y quizás esa sea la principal conclusión que deja el festival: en tiempos donde la memoria suele transformarse en objeto de disputa política, todavía existe una ciudadanía dispuesta a encontrarse, conversar, cantar y reflexionar colectivamente sobre ella.

Festival MUDA 2026 - Por Sebastián Lara