Fiebre de María y los Templos: Un canto fúnebre para los vivos

María y los Templos en Club Subterráneo presentando Fiebre - Por Sebastián Lara.

El jueves 27 de agosto, Club Subterráneo se convirtió en el primer escenario de Fiebre, el segundo álbum de María y los Templos. El disco, estrenado a finales de julio de este año después de tres años de trabajo desde La Prenda (2023), llegaba al vivo con la tarea de trasladar a un escenario un universo que en su versión de estudio ya era difícil de clasificar. Rock, folklore, jazz, experimentación, pasajes sintéticos y una escritura cargada de imágenes conviven en un álbum que parece mutar después de cada escucha.

Fiebre: el segundo salto de María y los Templos

Si hay discos que marcarán el 2026 de forma indiscutible, Fiebre, el segundo álbum de María y los Templos, es uno de ellos. Pero escuchar sus canciones en vivo permite entender que estas composiciones fueron hechas para expandirse, estirarse y desbordarse.

En este trabajo, las canciones se aglutinan como si fueran cantos destinados a acompañar algo que está terminando, pero también a invocar aquello que todavía no nace. En vivo, esa sensación se volvió física con la luz magenta y cian que recortó a los músicos desde un costado, acompañada por una voz femenina capaz de comulgar en ceremonia.

María Segú lideró desde el centro con prendas blancas y una especie de trenza larguísima, un corsé blanco, anillos plateados y una estética que mezclaba lo ceremonial con un futurismo renacentista. Su voz podía sonar delicada y amenazante dentro de una misma frase, con una fuerza natural detrás de cada melodía esperando aparecer. Era una voz capaz de remover el suelo, el aire y la naturaleza misma.

El comienzo se mantuvo entre el impulso de “3_2” y “Dónde se va cuando se acaba”, hasta que María tomó la guitarra para “Suspensión”. Fue uno de los primeros momentos en que el concierto encontró su verdadera temperatura y se construyó desde una tensión que iba creciendo entre piezas suspendidas que después comenzaban a romperse.

El ensamble instrumental: habilidad que conmueve

María y la banda, compuesta por Jorge Vargas y los hermanos Camilo y Gaspar Aliaga, exhibieron un dominio instrumental extraordinario, pero nunca pareció una demostración de virtuosismo por sí misma. Cada solo, cada cambio y cada entrada respondieron a la canción, bajo una comprensión profunda del ensamble, especialmente en los pasajes más cercanos al jazz, donde los instrumentos dejaron de acompañar para comenzar a conversar entre ellos.

Si hay algo que sostiene Fiebre por encima de cualquier despliegue musical son sus letras. Las canciones están pobladas de imágenes que parecen extraídas de un cancionero antiguo y, al mismo tiempo, completamente contemporáneas. Hay cuerpos, estrellas, hombres, muerte, deseo, naturaleza y preguntas que no necesariamente tienen respuesta en el ahora y que han repasado en entrevistas previas. ¿Qué queda después de que una persona se va? ¿Qué significa amar cuando la fidelidad, la violencia o la pérdida entran en escena?

“Del cielo cayó una estrella” abrió otra zona del repertorio y “La audacia” terminó encontrándose con las palmas y la entrada del coro para interpretar “Margaritas”, uno de los momentos más memorables de la presentación, que se abrió hacia la improvisación. Segú saludó al coro, invitó a las corraleras y el espectáculo comenzó a incorporar al público como parte de su propia arquitectura.

La balanza de María y los Templos

Una de las grandes virtudes de María y los Templos es su capacidad para hacer convivir lo académico con lo popular sin que ninguno de los dos términos pierda su fuerza. Hay conocimiento musical, arreglos complejos y momentos de improvisación, pero también hay coro, palmas, baile y una relación directa con una tradición de música que entiende la canción como una forma de reunión.

“Traición”, el cover de Miranda!, llevó esa idea hacia otro lugar y permitió jugar con el tono solemne que había dominado buena parte de la presentación. El escenario cambió de configuración y el gesto tuvo algo de humor y descompresión. La banda se permitió reírse, jugar con una canción reconocible y llevarla a su propio universo.

El poder de la intimdad

El momento más desnudo de la noche llega con “Canción para los vivos”. María se sienta justo enfrente, con su guitarra, y canta casi a capela. Una interpretación violetesca y de cantautora. Después de un espectáculo construido sobre el dominio de tres músicos, sobre los arreglos y las posibilidades del ensamble, ese gesto redujo todo a lo esencial. Una mujer, una guitarra y una canción.

El último tramo del concierto pareció desarmar la maquinaria que lo sostuvo. María salió del escenario y Jorge volvió a su posición inicial. Quedó entonces un improvisado trío solo, antes de “Rey del fuego” y de un primer final en el que todos abandonaron el escenario.
María volvió en voz en off para despedirse rápidamente y el concierto entró en su última secuencia: “Ingeichment”, “El otro lugar que somos” y finalmente “Los hombres serán fieles a los hombres”.

María y los Templos en Club Subterráneo presentando Fiebre - Por Sebastián Lara.

Un diálogo contemporáneo

María escribe sobre los hombres, sobre el amor y sobre aquello que hacemos unos con otros. Por eso “Los hombres serán fieles a los hombres” adquirió, en el cierre, una dimensión que excedió la propia canción. En un contexto mundial atravesado por discursos que vuelven a poner en disputa derechos que parecían conquistados, y dentro de una industria cultural donde las mujeres todavía son ninguneadas, minimizadas y obligadas a demostrar constantemente su legitimidad, escuchar esa frase al final de un concierto liderado por una mujer tuvo un peso particular.

María y los Templos construyen una obra que entiende la tradición como algo que puede ser intervenido, llevado al jazz, al folk, a la improvisación, al coro y a la escena sin perder su raíz. Fiebre es, por sobre todo, un disco que cree en el poder de la canción. Pensar en Violeta Parra no resulta arbitrario, pero tampoco se trata de establecer una equivalencia fácil, sino de reconocer la posibilidad de una continuidad y entender la canción como herramienta para mirar de frente aquello que normalmente preferimos dejar fuera.

María y los Templos en Club Subterráneo presentando Fiebre - Por Sebastián Lara.