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Las siete perlas de Candelabro: el rito coral que encendió la Cúpula

Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.

El pasado miércoles 20 de mayo, Candelabro firmó con letras doradas un show que quedará inscrito en lo alto de la música chilena contemporánea. Desde el Teatro La Cúpula, la banda nacional repasó de manera íntegra Deseo, carne y voluntad, su último álbum de estudio junto a una puesta en escena teatral y con un sentido artístico de primer nivel.

Esa noche fría, el escenario de la Cúpula esperaba el despliegue de una de las propuestas más viscerales de la música nacional actual. Al frente, un gran piano blanco; un poco más arriba, la batería y los saxofones elevados; en la tierra, las guitarras y los teclados. Cuando Matías Ávila avanzó hacia el micrófono vestido con el color de la sangre, inició un ritual de comunión que excedió los límites del show de lanzamiento de Deseo Carne y Voluntad.

Reducir lo que ocurrió sobre las tablas a una mera puesta en escena sería un error de lectura. La teatralidad aquí no fue un disfraz, sino un canal para una espiritualidad que se nutrió de distintas latitudes, desde el desierto de Atacama hasta el corazón de Santiago. Cada luz, cada vela encendida y cada susurro entre el público potenció los cuatro actos de la actuación de Candelabro.

Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.
Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.

Una atmósfera compañera

El ambiente de la Cúpula se sintió cálidamente familiar, cruzado por hilos invisibles pero firmes. La intimidad fue tal que las barreras entre el público y el escenario se disolvieron por completo cuando los propios padres y familias de los músicos subieron a escena. Sentados alrededor de un gran mesón, se hicieron parte del rito coral, fundiendo sus voces con la banda mientras coreaban con emoción “Domingo de Ramos”.

Entre la multitud se encontraban músicos de esta vibrante nueva escena independiente, actores, amigos y creadores que vinieron a ser testigos y partícipes de esta fecha histórica. Se sintió el peso de los abrazos que se dieron entre colegas, el agradecimiento genuino de reconocer al otro en su labor y en su humanidad. Este es el triunfo de cuando las cosas las hace la gente, a pulso y con afecto.

El arte de Chile teje caminos

En la música, los caminos se entrecruzan de formas misteriosas para construir memoria. Saber que entre el público estaba Álvaro Díaz —una de las mentes detrás de 31 Minutos— significa algo profundo. Es el puente entre la genialidad que moldeó la educación sentimental de las últimas décadas en Chile y una nueva generación que insiste en mirar hacia adelante, en proponer desde los márgenes. Es el mismo lazo que nos lleva a recordar imágenes pasadas, como cuando nuestros padres nos sentaban frente al televisor a ver a esos títeres que hoy dan la vuelta al mundo.

Del mismo modo, la identidad sonora de la velada estuvo resguardada desde los controles por “Chalo” González, auténtico maestro y pieza fundamental del sonido en Chile, quien le sumó al directo esa mixtura tan característica de la producción y el oficio a la chilena. Y así también, la participación de integrantes de bandas compañeras de ruta, que se han visto crecer y madurar entre ellas, dio cuenta de la complicidad de una generación que se reconoce, se acompaña en el camino y construye su propia historia desde la colaboración.

Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.
Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.

Las siete perlas de Candelabro

Cuando las “siete perlas” de Candelabro se ordenaron en el escenario vistiendo túnicas blancas, la imagen también se volvió un espejo de nuestra historia musical. Hay un tributo consciente a los maestros, a Los Jaivas, a las generaciones pasadas, a esa forma tan nuestra de entender el rock como una experiencia mística y colectiva.

Cada una de esas siete perlas aportó su propia luz al ritual. Mientras Matías guiaba la liturgia en voz y guitarra, desde los vientos soplaba la presencia de Nahuel Alavia, emanando una confianza ciega a través de su saxo. En la retaguardia, Franco Arriagada sostenía el pulso del viaje con una batería muy punzante, precisa, levantando además segundas voces desde los parches.

En el centro de la atmósfera, Carlos Muñoz alternaba entre el bajo y ese piano enorme con una solidez conmovedora, complementado por la sutileza de Javiera Donoso, quien desde los sintetizadores y los coros le añadía una ternura profunda a todo el espectáculo. Al costado, María Lobos —vistiendo prendas de encaje rosadas— rasgaba el aire con su saxofón y sumaba texturas esenciales a los vientos, mientras que Luis Ayala, con un estilo sumamente distintivo, inyectaba todo el matiz del rock clásico a través de riffs de guitarra punzantes y una poesía recitada con actitud rebelde.

Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.
Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.

Un trayecto apasionante

Porque Deseo, carne y voluntad es, en el fondo, un recorrido por la sangre. Es el tránsito a través de ese helado recorrido que significa ver a un familiar sufriendo en medio del invierno, suspendido en la fragilidad de la enfermedad. Cantarle a un padre, a una madre, a un hermano es lo que hace Candelabro, desnudando el dolor para transformarlo en refugio.

Al final, esta fecha no puede hablar solo de música. Tiene que hablar de lo que nos constituye. El concierto activa ráfagas de recuerdos que todos llevamos dentro. La calidez del cumpleaños de la abuela frente a la fría incertidumbre de dejar tu casa; la inocencia del primer día de colegio y de universidad en contraste con el peso de ver a tus padres llorar por primera vez. La extraña lucidez de ver crecer a tus hermanos mientras asimilas tu propio envejecimiento. Es el ejercicio cotidiano de perder amigos de años en el camino, pero también la magia de conectar y conocer a otros en un par de meses. Abrazar a los que amas y, al mismo tiempo, despedir a quienes ya no están. Es la bitácora de la vida misma.

Es la música despojada de artificio, devuelta a su estado más puro y, por sobre todo, convertida en la sangre que nos une y nos mantiene vivos.

Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.
Candelabro en Teatro La Cúpula. Por _@alebesoain_4.