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Se Remata el Siglo de Los Tres: Una sobredosis de plomo

Portada de album Se Remata el Siglo de Los Tres

Es el segundo álbum de estudio de Los Tres, y se nota que es una banda que ya no está probando, pero tampoco tiene todo resueltoSe remata el siglo suena más pesado, más cargado al rock, dejando —al menos por momentos— ese cruce más evidente con el jazz que marcó el debut del grupo. 

El álbum evita definirse con claridad y, en vez de encontrar un punto medio sólido, se desplaza entre ideas que no siempre conviven bien. A ratos todo fluye; en otros, las canciones parecen empujar en direcciones distintas.

El vocalista de Los tres explicó que el resultado final del disco estuvo lejos de lo que buscaba.

“Yo quería darme el gusto de hacer un disco que sonara a AC/DC, y ellos (Sony Music) querían llevarlo a algo más contemporáneo, más grunge, y ahí se distorsionó el sonido… Para mí es un disco olvidable.” — Álvaro Henríquez (Vía Sonidos Ocultos).

El Aval” se instala como el momento más inmediato del disco. Es el tema más movido, el más cercano a algo bailable, y también el más reconocido. Hay algo en su energía que lo hace destacar sin mucho esfuerzo, casi como si dentro de este remate fuera el producto que todos miran primero. No necesita demasiadas vueltas: engancha rápido y se queda.

En cambio, “Follaje en el invernadero” y “El sueño de la hora más oscura” juegan otro rol. El primero corta el ritmo con una pausa instrumental que baja las revoluciones y ordena un poco el recorrido, como si el disco respirara entre tanto ruido.

El segundo toma ese aire y lo transforma en algo más elaborado: la orquestación le da un peso distinto y la interpretación de Álvaro Henríquez termina de cerrar una sensación más completa, como si en esa “hora más oscura” el disco encontrara, aunque sea por un momento, cierta claridad.

El resto del álbum se mueve entre esos altos y bajos. A ratos da la sensación de que te venden “gato por liebre”: experimentaciones que se diluyen, ideas que quedan a medio camino. Pero incluso en eso hay algo interesante, porque el disco nunca suena completamente cómodo consigo mismo.

Quizás ahí está la clave. En un álbum que literalmente “remata el siglo”, no todo tiene el mismo valor. Hay piezas que brillan y otras que parecen estar ahí solo porque sí. Pero en ese desorden también hay identidad: una banda buscando su lugar, probando hasta dónde puede llegar, incluso a costa de equivocarse.