Lanzado el 3 de marzo de 2010 en Japón por Virgin Records, Plastic Beach fue el tercer álbum de estudio de Gorillaz. Después de la oscuridad expansiva de Demon Days (2005), el proyecto ideado por Damon Albarn y Jamie Hewlett regresó con una obra conceptual situada en una isla artificial construida con desechos. Un paisaje ficticio que funcionaba como crítica ecológica y comentario sobre el consumo global.
Con 16 canciones y una red de colaboradores que atraviesa generaciones y estilos, el disco terminó consolidándose como uno de los trabajos más ambiciosos del grupo.
El spoiler que llegó lejos
La primera pista pública apareció incluso antes del anuncio formal. El 17 de septiembre de 2008, en entrevista con CBC News, Damon Albarn y Jamie Hewlett dejaron entrever que el tercer álbum ya estaba en marcha. La expectativa creció durante 2009. El 27 de noviembre de ese año, en conversación con The Guardian, Albarn confirmó el título: Plastic Beach.
Antes del lanzamiento, BBC Radio 1 presentó demos de “Broken”, “Electric Shock” y “Stylo”. La expectativa ya estaba instalada y el mapa empezaba a dibujarse.
Finalmente, el álbum vería la luz un 3 de marzo de 2010, lanzándose originalmente en Japón a través de Virgin Records. Era el tercer álbum de Gorillaz y llegaba cinco años después de Demon Days.
La continuación de Gorillaz
La historia interna del álbum situaba a la banda en una isla flotante hecha de residuos en medio del océano. La ficción dialogaba con una inquietud real que ya había asomado en Demon Days: la acumulación, el desperdicio, el paisaje alterado por el consumo.
Antes de convertirse en Plastic Beach, Albarn y Hewlett habían imaginado un proyecto llamado Carousel, donde Gorillaz como banda “moriría” para dar paso a un colectivo abierto de colaboradores. La idea no prosperó de esa forma, pero su espíritu sobrevivió. El resultado fue un álbum donde la identidad del grupo se expande a través de otras voces.
Más que una lista de invitados, Plastic Beach funciona como cruce generacional. Bobby Womack, leyenda del soul, comparte espacio con figuras del hip hop contemporáneo como Mos Def y Snoop Dogg.
Y en “Plastic Beach”, Mick Jones y Paul Simonon —históricos de The Clash— vuelven a grabar juntos dentro de un proyecto que nunca fue una banda convencional.
El recorrido del disco no es lineal. Parte con una introducción orquestal, se sumerge en el funk digital y luego se permite momentos de pausa.
“Empire Ants”, junto a Little Dragon, pasa de lo íntimo a una explosión electrónica. “On Melancholy Hill” condensa esa melancolía luminosa que atraviesa todo el álbum. Hay movimiento constante, pero también una atmósfera que lo mantiene unido.
Aunque el concepto parte de una isla hecha de residuos, el disco no se siente oscuro. Es brillante, incluso elegante en su producción.
La crítica ambiental está ahí, pero nunca en forma de consigna directa. Se filtra en el paisaje, en la idea de construir belleza con restos, en esa sensación de estar flotando en medio de algo que ya fue desechado.
La genialidad de Albarn, una vez más
Dentro del relato oficial de la banda, la isla no nació como metáfora sino como accidente: desechos arrojados al océano que terminaron agrupándose en el Pacífico hasta formar una masa habitable. Murdoc afirmó haberla comprado con el dinero del seguro tras el incendio de Kong Studios y levantó allí su nueva base, pintándola de “rosa ladrillo” y construyendo una mansión sobre la superficie.
Desde lejos parecía casi idílica. De cerca era basura compactada. Bajo el agua se extendía la mayor parte de la estructura, con habitaciones sumergidas donde 2-D llegó a vivir. Años después, el propio universo del grupo mostraría su destrucción a manos de piratas y, más tarde, de una criatura marina en los videos de “The Valley of the Pagans” y “The Lost Chord”. Plastic Beach no solo fue escenario de un disco: fue un lugar con principio y final dentro de la historia de Gorillaz.
Al final, Plastic Beach suena como eso que Gorillaz siempre hizo mejor: mezclar mundos que no deberían convivir y lograr que encajen.
Hay algo caótico en su construcción, pero también una extraña armonía. Como la isla misma: hecha de fragmentos, sostenida por imaginación y música.
En Reino Unido debutó en el número 2 del UK Albums Chart, con alrededor de 100.000 copias en su primera semana. En Estados Unidos, también entró en el número 2 del Billboard 200. Con cerca de 200.000 copias vendidas en su debut.
En Francia alcanzó el puesto 3. Para finales de marzo de 2010, las ventas globales rondaban las 377.000 copias.

