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Fome no era aburrido, era bacán (y aún lo es)

Portada álbum Fome de Los Tres. Por Rodrigo Cifuentes.

En 1997, Los Tres venían de llenar estadios y tocar para todo el continente con su MTV Unplugged. Pero no quisieron repetir la fórmula. En vez de hacer otro disco lleno de hits radiales, se encerraron en Nueva York para grabar el que sería su álbum más oscuro y experimental: Fome.

El 27 de junio de ese año se lanzó oficialmente este disco, producido por Joe Blaney. Al principio desconcertó al público y la crítica, pero hoy es considerado una de las obras más potentes del rock chileno.

New York, 1997

Los Tres grabaron Fome en los estudios Soundtrack de Manhattan, bajo la producción del mítico Joe Blaney, quien había trabajado con The Clash, Keith Richards y Prince. La banda buscaba un sonido más directo y crudo, sin adornos innecesarios. Henríquez dijo en una entrevista:

“La idea era grabar algo limpio, no disfrazado, sin intención de gustar.”

¿Por qué se llama “Fome”?

El nombre no fue una broma ni un arrebato. Álvaro Henríquez explicó en La Tercera (1997) que lo eligieron como una forma de ironizar con el gusto masivo y criticar lo superficial.

“Fome no es un juicio de valor, es solo una palabra neutra. El disco refleja cosas que no son alegres, pero reales”, afirmó el artista.

Un espejo incómodo de los noventa

Fome dejó atrás los guiños al folclore y el swing que habían caracterizado a Los Tres. En su lugar, apostaron por un sonido más sobrio, más frío, más cerebral. Canciones como “Restorán” u “Olor a Gas” muestran escenas cotidianas teñidas en tedio, paranoia o enfermedad.

El álbum parece hablarle a una generación atrapada en la rutina del progreso noventero, con arreglos quirúrgicos y letras que cortan hondo.

Fome, el disco que pateó el tablero

Después del éxito masivo del MTV Unplugged, Los Tres estaban en la cima, pero en vez de repetir la formula ganadora, hicieron lo contrario: grabaron un disco que nadie esperaba, ni pedía.

Fome fue un portazo a las expectativas de la industria. No hubo singles diseñados para sonar en la radio, ni guiños al público casual. Fue una declaración de principios: la música primero, el mercado después.

En un Chile noventero que empezaba a ilusionarse con la promesa del consumo y el éxito comercial, Los Tres entregaron un disco a su pinta.

Los Tres en Premios Pulsar 2019. Carlos Figueroa Rojas, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons
Los Tres en Premios Pulsar 2019. Por Carlos Figueroa Rojas.

Recepción fría, legado gigante

En su momento, Fome dividió a la crítica. Muchos lo encontraron “difícil” y “falto de energía”. Pero con el tiempo fue reivindicado como un disco adelantado para su época.

Hoy figura en las listas de mejores discos chilenos de la historia, como la de la revista Rolling Stone Chile (2006), donde se ubico en puesto 11. Para muchos fans, es el más sólido y coherente de toda su discografía.

Un arte que incomoda

La portada del disco también rompió esquemas: muestra una radiografía real con prótesis metálicas. Fue diseñada por el fotógrafo Rodrigo Cifuentes. Según Henríquez, reflejaba el contenido crudo del álbum.

“No queríamos fotos nuestras ni cosas bonitas. Solo mostrar lo que hay debajo.”

Fue, otra vez, un gesto contra lo obvio.

A 28 años de su lanzamiento, Fome sigue incomodando, inspirando y desafiando. Fue una apuesta arriesgada en su momento de fama total. Y eso lo hace más valioso.

Quizás no sea el disco más querido por el público casual. Pero para quienes han seguido a Los Tres más allá de “La Espada y la Pared” y “Déjate Caer”, Fome es la joya más compleja y poderosa de su historia.