Let It Be: el disco que debía unirlos, pero los separó

Fotografía en blanco y negro de los integrantes de The Beatles. Están posicionados en forma de rombo, John (izquierda), Paul (abajo), George (arriba) and Ringo (derecha). Metjovi, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

“Let It Be” se estrenó el 8 de mayo de 1970. Días después de que Paul McCartney anunciara su partida de la banda, y por lo tanto, el fin de la banda. Fue agridulce para la fanaticada, la banda más grande de la historia, se despidió con un disco que ni a los propios integrantes les convivencia.

Antes de llegar a este punto, los Beatles ya habían mostrado señales de ruptura y libertad creativa en The White Album, una obra donde la experimentación individual anticipaba el desenlace que “Let It Be” haría inevitable.

Todo comenzó con un concepto: tras dos años y medio sin presentarse en vivo, Paul McCartney quería que la banda volviera a los escenarios. El plan era regresar a las raíces: interpretar el nuevo álbum en vivo, dentro de un estudio, acompañado por un documental que registrara su vuelta a las presentaciones en directo. El proyecto fue bautizado como “Get Back”.

Sin embargo, el ambiente era tenso. Las discusiones eran constantes y no ayudaba que John Lennon y su pareja, Yoko Ono, hubieran caído en la adicción a la heroína tras su arresto por posesión de drogas en octubre. Debido a esto, Lennon había resuelto mantener una distancia de sus compañeros, especialmente con McCartney, despreciando sus ideas de canciones.

Las sesiones en los estudios Twickenham se desmoronaron casi de inmediato. Harrison, inspirado en su estancia en Estados Unidos, y la libertad creativa que allí logró, presentó varias canciones para el álbum. Sin embargo, estas fueron rechazadas por Lennon y McCartney. Lo que provocó la renuncia de George Harrison. Peter Brown, ejecutivo de Apple Corps, describió esa época como un “letargo hostil”.

El concierto en la azotea: el último adiós de The Beatles

Dos semanas después, tras aceptar los términos de Harrison, la banda volvió a reunirse para una última actuación.

El concierto en la azotea del edificio de Apple Corps, el 30 de enero de 1969, fue la última vez que The Beatles tocaron juntos en vivo. Con el frío del invierno londinense cortando el aire y un puñado de transeúntes deteniéndose en las calles, el grupo interpretó “Don’t Let Me Down”, “I’ve Got a Feeling” y “Get Back” mientras la policía intentaba detener la presentación por las quejas de ruido. Fue una despedida improvisada, pero poderosa: una forma espontánea de volver a tocar como en sus inicios, antes de desaparecer del escenario para siempre.

Los Beatles dieron su último concierto en directo en la azotea de este edificio el 30 de enero de 1969. Placa azul en 3 Savile Row, Londres W1S 3PB, colocada el 5 de abril de 2019. Spudgun67, CC0, via Wikimedia Commons

Aun así, el grupo abandonó el proyecto “Get Back” y centró su atención en “Abbey Road”, el último álbum que grabaron juntos. No obstante, “Let It Be”, resultado de aquel primer intento fallido, sería el último en publicarse. Ya desinteresados del concepto original, Lennon y McCartney le dieron libertad al ingeniero Glyn Johns para compilar un disco con las sesiones anteriores y las grabaciones del concierto. Luego de varias idas y venidas, las mezclas fueron entregadas a Phil Spector para que las finalizara.

Phil Spector y la polémica producción de “Let It Be”

Spector, sin embargo, ignoró los deseos de McCartney y sobreprodujo el álbum, alejándose del espíritu de rock sencillo con el que fue concebido. Glyn Johns, productor original que ni siquiera fue acreditado en el resultado final, comentó en una entrevista sobre el trabajo de Spector: “Hizo un trabajo terrible”.

Sin embargo, en su entrevista “Lennon Remembers” para Rolling Stone, Lennon defendió el trabajo de Spector diciendo: “Le dieron la peor basura grabada —y con una sensación pésima— que jamás haya escuchado. Y logró sacar algo de eso. Hizo un trabajo excelente. Cuando lo escuché, no vomité”.

Recepción crítica y legado de “Let It Be”

Pese a ser un álbum odiado por McCartney e indiferente para el resto de los Beatles, “Let It Be” alcanzó el número uno en las listas e incluyó algunas de sus canciones más recordadas, como “Across The Universe”, “Let It Be”, “The Long and Winding Road” y “Get Back”. A pesar de ello, no le fue tan bien en la crítica, donde se les dijo que era “epitafio barato, una lápida de cartón, un final triste y cutre para una fusión musical que renovó y transformó el panorama del pop”.

“Let It Be” fue, al mismo tiempo, un final y un comienzo. Un álbum nacido del conflicto, pero también del deseo de volver a lo esencial: cuatro músicos intentando reconectarse con lo que los unió en primer lugar. Entre tensiones, ego y desencanto, el disco terminó siendo un retrato involuntario del adiós más famoso de la historia del rock.