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La Dieta del Lagarto: bajo en azúcares, alto en funk

Portada del álbum La Dieta del Lagarto. Por Sergio "Cote" Larraín.

Lanzado en 1997, “La Dieta del Lagarto” consolidó a Chancho en Piedra como una de las bandas más innovadoras del rock y funk nacional. Con humor, crítica social y un sonido inconfundible, el disco rompió esquemas y marcó a toda una generación a finales de los noventa.

Del éxito al salto creativo

La Dieta del Lagarto es considerada por gran parte de la comunidad marrana como la obra magna de la banda. Un disco que posicionó a los Chancho en Piedra como uno de los grandes exponentes del funk y rock chileno. Posterior al éxito comercial que significó su álbum debut Peor es Mascar Gauchas (1995), la banda oriunda de La Cisterna buscó consolidarse con su segundo disco.

De la mano de un amigo conocido, Gonzalo “Chalo” González, dieron el punto inicial a la producción de La Dieta del Lagarto. En un Chile donde el auge de las bandas anglo robaban las primeras planas, Chancho En Piedra apostó por un sonido más rockero, pero sin alejarse de sus orígenes funk.

Desde el nombre (dicho chileno que se traduce: “la dieta del lagarto: comer poco y tirar harto”) conocemos las intenciones del LP; viene a romper esquemas. No solo el título nos habla sobre la picardía con la que se abordará el disco, su portada también está cargada de humor, con cada integrante de la banda vestido como espermatozoide.

Además, la versión original en formato CD trae un juego de mesa con fichas. El juego consistía en llevar las fichas, representadas como espermatozoides (“espermatofichas”) hacia el final de la meta, el “ovusol”.

Todas esas pistas te preparan para un disco cargado de sátiras, críticas y letras que venían a combatir tabúes sociales. Esto no era algo nuevo para la banda, en su debut sabíamos que combinaban de muy buena forma los sonidos pesados del rock y del funk con absurdas letras que se repetirían en su próximo proyecto “Ríndanse Terrícolas”.

No obstante, que esto no nos confunda; a pesar de sus dobles sentidos, las líricas también eran un reflejo de la realidad chilena de los noventa. Un Chile que abrazaba una libertad que iba de la mano con el regreso de la democracia, que durante tantos años vio cómo la cultura y la expresión juvenil era limitada por la dictadura.

Los componentes de La Dieta Del Lagarto

Con una hora y diez minutos de duración, las diecisiete canciones del disco chancho fueron grabadas en el Estudio Máster durante marzo y abril de 1997, Chalo González se enfocó en priorizar el sonido en vivo, uno que dejaba de lado la pulcritud técnica. A pesar de esto, el nivel de los músicos demostró que la técnica tenían de sobra.

Partiendo por el brillante Felipe Ilabaca, quien se hizo dueño del groove con sus punzantes líneas de bajo. Por otro lado, tenemos a Pablo “K.V.Zón” Ilabaca, voz, corista y guitarrista. Con las seis cuerdas acaricio nuestros oídos al ritmo del funk, junto a pegajosos riffs de la mano de los conocidos efectos “wah-wah”. 

Toño Corvalán es el encargado, junto a Felipe, de marcar la línea rítmica de esta ensalada. Con una envidiable habilidad para saltar entre estilos, “Toñito” demostró desde el primer álbum que es uno de los mejores bateristas chilenos. Un talento del que no solo disfrutó el cuarteto de La Cisterna, sino también otros proyectos como Los Mox y 31 Minutos en su formato en vivo.

Por último, “Lalo” Ibeas termina de armar el equipo de ensueño. Una figura que, sin dudas, marcó un antes y un después en la imagen nacional que se tenía de un frontman.

Con una particular voz y un distintivo delivery exagerado, Ibeas marcó toda su impronta en cómo se comportaba la banda tanto fuera como dentro de los escenarios. No dudó en mezclar fraseos de rap con gritos alocados para crear una manera especial de cantar que no se había visto antes en Chile.

Una ensalada de funk

Con su segundo álbum, Chancho en Piedra demostró que estaba para grandes cosas. No solo superaron en ventas y convocatoria a su debut, sino que demostraron por fin su propuesta musical tirando “toda la carne a la parrilla”.

Juegos de bronces, samples, scratches de “DJ Humitas” y hasta apariciones memorables como la de Florcita Motuda en “Comiendo Bananas”. Tal como su nombre lo indica, el cuarteto había logrado crear su propia ensalada musical. La misma con la que conquistarían a los amantes del groove en toda latinoamérica.