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Disintegration: el eterno resplandor de The Cure

Portada álbum Disintegration de The Cure.

Un 2 de mayo de 1989, The Cure lanzó su octavo disco y su obra cumbre: Disintegration. Para muchos, fue visto como un suicidio comercial que Robert Smith se desenmarque del sonido pop más accesible que había explorado en trabajos anteriores como el álbum Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me, donde habita la luminosa “Just Like Heaven”, sin embargo, el frontman de The Cure no decepcionó cuando decidió tomar otro camino creativo

Robert Smith recogió la herencia de la trilogía gótica, que culminó con Pornography, y la empapó de nuevos efectos y texturas modernas, creando así Disintegration

A diferencia del tono sombrío del álbum, el proceso de grabación fue sorprendentemente distendido, casi alegre. El apoyo mutuo, la libertad creativa y la certeza de estar construyendo algo inmenso dieron forma a Disintegration.

Pero, el álbum casi no existió. Se dice que las letras de Disintegration ardieron en llamas una noche cualquiera, consumidas por el fuego de un calefactor defectuoso en la habitación de Robert Smith. La historia suena romántica y trágica, como sacada del propio álbum, pero no fue del todo así. 

Tras el incendio que consumió la habitación del cantante, Smith logró encontrar su billetera, que contenía fotos de su esposa y las copias existentes del material que darían forma a la obra cumbre de The Cure: Disintegration. Este hecho sobreactuado ha crecido con los años, alimentando la mitología que rodea a uno de los discos más importantes de la historia contemporánea del rock.

Robert Smith cantando Disintegration en vivo en concierto de The Cure. Fotografía publicada vía Flickr por Paul Padshewscky bajo la licencia CC BY-ND 2.0
Fotografía publicada vía Flickr por Paul Padshewscky bajo la licencia CC BY-ND 2.0

Disintegration: la composición del magnus opus

La banda ya era símbolo de una generación entera, Robert Smith se había casado y había dejado las drogas y el alcohol que casi lo matan. Pero nada de eso lo salvó del vértigo. A punto de cumplir treinta, el miedo se le instaló en el pecho como una punzada. Miedo al tiempo, al desgaste del cuerpo, a los fantasmas del pasado que nunca terminan de irse. 

El frontman de The Cure se propuso crear su magnum opus antes de llegar a la treintena. Y lo logró. El álbum Disintegration es el catalizador más potente de su creatividad, el punto exacto donde se convierte en el maestro de la melancolía. 

Disintegration es música que llora, que flota, que abraza la tristeza con una belleza casi irreal; una obra de ensoñación oscura que no se parece a nada que se estuviera gestando a finales de los ochenta. 

“Plainsong” es la introducción perfecta a la temática de Disintegration, un viaje a la mente rota de Robert Smith, que siente que vive al filo del mundo, al borde mismo de la vida y la muerte.

A esta canción, le sigue la famosa (y favorita de muchos) “Pictures of you”. A diferencia de lo que muchos creen, esta canción no es solo nostalgia, es una obra maestra sobre la dificultad de aceptar el cambio de las personas que amamos.  

Entre líneas aparece el himno de amor por excelencia. “Lovesong”, que  se despega ligeramente de la oscuridad general del álbum Disintegration. Smith la compuso como un regalo de bodas para su esposa Mary Poole, su lugar seguro al que siempre regresa cuando está herido. 

En “Lullaby”, la canción que se encuentra a la mitad del tracklist de Disintegration, los cuentos de terror infantiles que le narraba su tío regresan como miedos irracionales. Una pesadilla envuelta en una melodía susurrante y opresiva, donde los horrores de la niñez nunca terminan de desaparecer.

Inmediatamente después, “Fascination Street” captura una historia perversa nacida en Nueva Orleans. El bajo dominante arrastra la canción por un paisaje decadente de excesos y promesas rotas. Cada rincón vibra como una trampa.

El culminar perfecto

La pieza homónima, “Disintegration”, que se encuentra casi llegando al final el album, es un canto de Robert Smith hacia sí mismo. La confesión brutal sobre sus infidelidades, el desgaste de su ego y el riesgo de perder el amor de su vida. El creador traiciona a su musa, y no hay redención posible.

El gran álbum cierra con Untitled, que, según él mismo Robert Smith, era tan macabra y deprimente que no pudo siquiera ser capaz de ponerle nombre a la canción. Es una alegoría final a sus errores más profundos porque sabe que se llevará esa culpa a la tumba, y que jamás hallará paz ante ellos.

Disintegration es lo que es: un disco que entiende el romanticismo como lo que realmente es, no en el sentido banal de los corazones rotos. Es romántico por la belleza que desborda, que lastima, que sueña con texturas mientras abraza el exceso. 

Es en esta obra que convergen las dos almas de la banda: la penumbra gótica que los definió en sus inicios y la madurez sonora de su etapa más comercial. Escuchar Disintegration es, en esencia, escuchar a The Cure.