Un álbum que refleja múltiples cambios de la década noventera. Tras el auge del trip-hop con “Blue Lines” y “Protection”, Massive Attack se aventuró hacia territorios más oscuros y experimentales. Expandiendo su paleta musical con texturas industriales y un enfoque crudo y visceral.
Por María José Jeréz

Para hablar del tercer álbum de estudio de Massive Attack hay que remontarse a su debut Blue Lines (1991), un proyecto musical que vio el origen del trip hop bajo las dinámicas socioculturales de la zona.
El Blue lines nació en Bristol, una ciudad “alejada” de la gran industria musical, pero con una historia profunda de tensiones sociales, políticas y culturales. Existe un consenso mundial de la crítica melómana de que este es uno de los trabajos más importantes de la historia de la música, un hito que carga con un contexto histórico brutal que da paso a los siguientes trabajos del movimiento.
En el siglo XVII, Bristol fue uno de los ejes del comercio trasatlántico de esclavos. De esa época queda el legado de Edward Colston, un esclavista que financió hospitales, escuelas, teatros y monumentos que aún llevan su nombre. Mientras algunos celebran el desarrollo patrimonial de la ciudad, otros ven en esos monumentos un recordatorio brutal de la opresión
El origen de Massive Attack
Tras las guerras mundiales del siglo XX empieza un periodo de descolonización y Gran Bretaña abre sus puertas a una gran ola migratoria para reconstruirse. Al igual que Manchester y otros lugares de Inglaterra, Bristol recibe a trabajadores afrocaribeños que arriban con sus sonidos y su historia a cuestas. El choque cultural en la ciudad es más fuerte que en otras partes del país. En ese cruce tenso y fértil de memorias coloniales e identidad negra, nace una nueva forma de expresión.
Así, a comienzos de los noventa, surge una nueva forma de producción musical que se nutre del soul, el jazz, el hip hop estadounidense y el reggae. El trip hop no nace con una forma definida, sino como una etiqueta flexible, un collage sonoro donde conviven géneros dispares bajo una misma atmósfera.
Se inclina por los tempos lentos y pesados, construyendo paisajes melancólicos cargados de profundidad. La psicodelia y las cuerdas orquestales aportan misterio; el scratching y los samples urbanos le dan una sensación callejera. Esta mezcla tan sutil vuelve casi imposible delimitar lo que es y lo que no es el trip hop.
Massive Attack le pone fin a la década con Mezzanine, la entrega más oscura de su carrera. La producción fue tan ambiciosa que terminó costándole la formación a la banda. Andrew “Mushroom” Vowles dejó el grupo, quedando solo Robert “3D” Del Naja y Grant “Daddy G” Marshall.
El clímax fue tal que, a diferencia de movimientos como el Brit Pop, que quedaron directamente sepultados con el cambio de siglo, el trip hop logró ramificarse. Este concentrado sonoro se volvió aún más difuso, integrando nuevos estilos de la mano de la electrónica vanguardista que artistas como Björk ya comenzaban a desarrollar.
Un inquietante soundtrack para terminar el milenio
“Angel”, la apertura, es pura definición de aura e intensidad. Desde el primer minuto, marca el tono sombrío de Mezzanine. El proyecto cuenta con colaboraciones destacadas, entre ellas la de Elizabeth Fraser, pionera del dream pop y figura clave de otro gran movimiento nacido en el valle del Támesis. Su voz lidera “Teardrop”, la canción más conocida del disco, que alcanzó aún mayor notoriedad al ser elegida como tema de apertura para la serie Dr. House.
“Inertia Creeps” continúa el viaje con una percusión futurista y una voz susurrante, casi premonitoria. En “Black Milk”, el bajo emerge con suavidad, al desnudo, mientras la pista avanza guiada una vez más por la presencia etérea de Fraser.
“Man Next Door”, colaboración con Horace Andy, reinterpreta el clásico de reggae de John Holt en una versión más opaca. Hacia el cierre del álbum, las pistas “Mezzanine” y “Group Four” destacan la habilidad de la banda para fundir influencias. En ellas aparecen samples de The Cure y The Velvet Underground.
Finalmente, “Exchange”, que incorpora samples de Isaac Hayes, pone el broche al disco con una atmósfera opulenta y melancólica. Mezzanine es un álbum donde cada fragmento funciona tanto de manera independiente como dentro del tejido total de la obra. Un rompecabezas emocional que se sostiene pieza por pieza y también como un todo.
Mezzanine suena como la banda sonora de una película inquietante: paisajes crípticos, claustrofóbicos y melódicos conviven en una paleta sonora que transita entre el miedo, la paranoia y el placer. Las cuerdas densas, la distorsión y las voces etéreas componen una travesía emocional que hipnotiza.
Con este álbum, Massive Attack trascendió el trip hop al fusionar sonidos y explorar emociones con profundidad. Sentaron un precedente en la música electrónica, influyendo a generaciones de productores que buscan capturar ese halo de misterio que sigue intacto, vigente y reverenciado.

