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Dynamo de Soda Stereo: el pilar del shoegaze Latinoamericano

Portada álbum Dynamo, Soda Stereo. Por Alejandro Ros y Gustavo Cerati.

Tras el éxito de Canción Animal (1990), Soda Stereo ya se había consolidado como una de las bandas más influyentes de Latinoamérica. Sin embargo, lejos de acomodarse en el estilo que los llevó al estrellato, el trío argentino se embarcó en la búsqueda de nuevos pulsos.

“Decidimos cambiar de rumbo porque llegó un momento en que no quisimos seguir inflando más al monstruo que habíamos creado”. Cerati en Soda Stereo: La biografía total, libro de Marcelo Fernández Bitar.

Así nace Dynamo (1992), el álbum que no sólo redefine la trayectoria de la banda, sino que marca el punto de inflexión para la movida sónica argentina, abrazando las vanguardias del shoegaze, el dream pop y el noise rock/pop que habían florecido en el valle del Támesis con bandas como The Jesus and Mary Chain y Cocteau Twins.

Dynamo 1992

El contexto que rodeó el lanzamiento de Dynamo estuvo marcado por factores que limitaron su alcance. En medio del cambio discográfico de Sony a BMG, ni una de las disqueras se encargó de promocionar el disco adecuadamente y aquellos que tuvieron la oportunidad de escucharlo lo encontraron complejo y lejos de ser digerible.

La propuesta estética de Dynamo fue tan moderna como su sonido. Charly Alberti rapado a un costado, Zeta Bosio con la representativa camiseta de rayas, Cerati con lentes cyberpunk y atuendos traídos de Londres. Musicalmente, el álbum se adentra en un frenesí de libertad creativa, con loops, secuenciadores, samplers, acoples y un uso artístico del ruido, que alejaba a Soda Stereo de sus raíces pop y los acercaba a la vanguardia del underground.

La movida sónica y sus influencias

La “movida sónica”, acuñada por el periodista Pablo Llonto, fue una vorágine disruptiva que marcó a Soda Stereo. Según Nestor Fernández, músico Argentino, Cerati y Zeta asistían a conciertos de esta escena, donde nacía algo completamente nuevo de la mano de agrupaciones como Babasónicos, Los Brujos y Juana La Loca.

Sin embargo, Dynamo tiene claras referencias a Loveless (1991) de My Bloody Valentine, no es una simple réplica. Aunque si bien comparte la grandilocuencia en las guitarras distorsionadas, Dynamo aporta un toque más electrónico y psicodélico, en especial en su segunda mitad.

La primera mitad del disco ofrece una descarga de energía frenética y contundente. Un proyecto de guitarras desorientadas, bajos constantes y baterías metálicas, pero también de melodías oníricas y letras del universo. En secuencia inicial y Toma la Ruta, Cerati fusiona los elementos del shoegaze, un género donde las voces tienden a ser secundarias, con su habilidad para transformar la suya en un instrumento más de la atmósfera.

Una introducción magnética al disco que, mediante cuerdas nocturnas, permite el despegue de sintetizadores y una batería más bouncy en los temas siguientes. El lirismo sensual y las melodías suaves de Cerati se mezclan con guitarras distorsionadas, con claras influencias de los pioneros Cocteau Twins.

La oda de amor agridulce, En Remolinos es el punto más alto del álbum. Una tormenta emocional que deja que florezca un puente instrumental precioso y una lírica filosa. Tiene uno de los primeros samplers de Soda, el inicio de Indigo is Blue del grupo inglés Catherine Wheel. La línea de bajo cadenciosa y pasional fluctúa como las olas derritiéndose en la costa.

“Las canciones más románticas que he escrito no surgieron por estar enamorado, sino por añorar un estado ideal. confesó Cerati a Rolling Stone en septiembre de 2006.

Varios de los hits de Soda Stereo

Luna Roja es otro highlight de Dynamo. Las guitarras cálidas y envolventes, acompañadas por un bajo suave, crean una sensación de progresión tonal que oscila entre lo luminoso y lo oscuro. La interpretación vocal de Gustavo Cerati es etérea y celestial, añadiendo un toque ambiental que intensifica el aura mística de la canción.

Este tema adquiere un significado aún más profundo cuando se considera la supuesta dedicatoria a Federico Moura, líder de Virus y amigo cercano de Cerati, quien falleció en 1988 a causa del SIDA.

La segunda mitad del álbum presenta bastantes guiños a la electrónica con kicks muy digitales bien ejecutados y otra capa de ornamentación sonora con instrumentos indios. “Ameba” representa la idea de que Dynamo es un álbum más sensorial que narrativo, donde las emociones fluyen en capas por medio del sampler de Mass Production de Iggy Pop.

“Fue” se despliega con lentitud, dejando que cada nota se asiente en el aire antes de que la siguiente la reemplace. Las capas de sonido son más delicadas aquí, permitiendo que la voz de Cerati salga un poco más al frente, aunque aún combinada con la música. “Texturas” es un final agitado y contemplativo para un álbum que ha sido, de principio a fin, un viaje inexplicable.

Años más tarde, el vocalista de la banda se aventuraría a escapar de las guitarras y sumergirse en texturas electrónicas con dos importantes discos de su carrera solista: Bocanada (1999) y Siempre Es Hoy (2002) de Gustavo Cerati.

En palabras de Soda Stereo, no es un disco tan radial y tampoco es experimental, es un disco de canciones que no les sorprendió tanto, pero fue su cúspide creativa. Después de la creación de tantos temas redondos y sofisticados, ya aparecía un Cerati que coqueteaba con la idea de ser solista.